martes, 12 de abril de 2016

La ofensa y el juego


Artículo de César de Morey
Extraido de:

http://www.aquariusmexico.com/revistas_aquarius/revista40/revista40.pdf



Cuando alguien intenta ofenderte, te está invitando a ser víctima e iniciar un juego.  Y qué pasa cuando no aceptas un regalo. ¿De quién es entonces? De quien te lo quiso dar y de ahí no pasó. En esta metáfora, cuando no aceptas el regalo significa que ante una ofensa no haces nada. 

El bien no combate. En el instante que quieras combatir, incluso justificado por dignidad o buena causa, en ese instante deja de ser el bien y te enfilas en la oscuridad de mal.

El bien no combate, el bien ni siquiera sabe qué es combatir. Despierta. Por ejemplo, date cuenta de uno de los más grandes absurdos a los que ha llegado el hombre: ¿Cuál es el objetivo de una guerra? Respuesta: buscar la paz. ¡Quéeee! Pues sí. Pero entonces no hay juego.

1.      El origen del juego es falta de amor.

2.      Se requiere vivir un vacío existencial activo con su falta de amor interior para iniciar el juego; ya sea iniciarlo como víctima, como perpetrador o como salvador.

3.      Siempre quien inicia el juego necesita tentar a otras personas para arrancar el juego formalmente y por el tiempo que sea necesario, para así sentirse unida a una persona, unida a través del juego aunque sea.

4.      El juego puede iniciar con el más mínimo o sutil comentario, incluso con una mera actitud o leve mirada, siempre y cuando haya otro que quiera jugar.

5.      El tiempo del juego es indefinido. Desde unos cuantos minutos hasta toda la vida.

6.      El juego debe producir dolor, en cualquiera de sus manifestaciones, tanto emocionales como físicas. De hecho, así está diseñada la logística del juego.

7.      Si se ha decidido ser un jugador formal y constante, el juego no se acaba nunca, ni con la muerte de uno de los participantes, ya que de inmediato se puede elegir otro jugador o incluso se puede jugar con la memoria del fallecido.

8.      Una vez que se elige un papel en el juego (Víctima, Perpetrador o Salvador), se puede cambiar a otro papel en cualquier momento y a voluntad, para continuar jugando todo el tiempo.

9.      Con la práctica y la habilidad aprendida para jugar, se pueden jugar varios de estos a la vez.

10.  Si el juego (o los juegos) parece que se acerca a su final, se pueden volver a intercambiar los papeles para que el juego continúe o se puede iniciar otro juego con nuevos participantes.

11.  El juego lo puedes jugar consciente o inconscientemente.

12.  En este juego nadie puede ganar nunca.


Elige no jugar. Punto.


 Es todo. No hay más trascendentes ni más poderosas recomendaciones para salir del dolor en cualquiera de sus variantes.

-         Reconoce qué papel juegas mejor: víctima, perpetrador o salvador. El simple hecho de que hoy reconozcas tu papel preferido, puede debilitar su aparición.

-         Reconoce, con lo que has aprendido hoy, la apabullante y enorme cantidad de ocasiones en un día que tienes para jugar. Vas a recibir miles de invitaciones en un solo día. Varias de ellas las podrás hacer tú. Darte cuenta de eso también puede generar un menor interés en jugar.

-         Reconoce que cuando sientes que te falta amor, tienes ganas de jugar. Darte cuenta de esto quizá ayude a que en lugar de jugar, elijas amor.

-         Reconoce que cuando falta sentido en tu vida, tienes ganas de jugar. Darte cuenta de esto puede ayudarte a buscar sentido en lugar de jugar.

-         Reconoce que cuando viste el juego muchas veces en tu casa, te dan ganas de jugar ya como experto. Darte cuenta de esto puede invitarte a saber que existe otra opción donde puedes hacer cosas que no viste en tu casa.

-         Aprende que sientes el poder en tí, pierdes el interés en jugar.

Si ya has dado cuenta que existe un juego y eso ya es gran motivo de cambio. Y quizá ya te has dado cuenta a qué juegas. Eso es otro motivo de cambio y más poderoso aún. Hacer conciencia de que existe un error es el primer paso para tener la posibilidad de eliminarlo.

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