viernes, 17 de septiembre de 2010

Silencio de la familia


FRANCISCO MASSÓ.- Psicólogo

La vuelta al cole es un hito en la vida cotidiana, la renovación del esfuerzo educador que, formalmente, hace la familia a favor de sus vástagos. Pudiera parecer que pagando libros, uniformes y docencia, ya habríamos cumplido. Sin embargo, educar es un compromiso continuo, mucho más profundo, que los padres contraen con sus hijos, desde antes incluso de su nacimiento.

El Estado, siempre entrometido, va copando parcelas y competencias docentes, arrinconando a la familia como agente educador y usurpando su función, sin sustituirla realmente. En consecuencia, hoy no educa nadie, porque no puede, no quiere, o no le dejan.

Gran mayoría de los profesores prefieren ser meros transmisores de conocimiento. Tal actitud se debe, no sólo a voluntad propia del profesorado, que también, sino para evitar el riesgo de ser represaliados, o por carecer de atribuciones claras y, sobre todo, tras ver discutida y mermada su autoridad.

Desgraciadamente, el poder en el aula, desde Primaria a la Universidad, está repartido entre el educando (¡!), el APA, el Claustro, la Dirección del Centro, e intervenido siempre por la Inspección, en gran parte integrada por comisarios políticos. En ese estado crónico de excepción queda la libertad de enseñanza; la educación, a última hora, termina por confundirse con adoctrinamiento ideológico, la catequesis socialista.

Los padres, por múltiples explicaciones, ninguna justificativa, han hecho dejación de su responsabilidad, abandonando el papel educador, o entorpeciéndolo, si algún profesor se atreve a asumir alguna función asimilable a la de educar.

Recientemente, coincidí en el ascensor del hotel donde me hospedaba, con una familia, cuya única hija aparentaba nueve o diez años. Al entrar al ascensor, la hija pisó al padre. Éste protestó diciendo –me acabas de pisar- y la hija respondió –pues te aguantas- sin que el padre, ni la madre, también presente, pusiera objeción alguna a la falta de empatía y sobra de desconsideración de la hija con el padre.

En ese caso, el silencio de los padres los hizo cómplices de la mala educación de su hija. El padre se quedó en víctima, con su dolor físico y la humillación derivada del desprecio que la hija mostraba hacia las consecuencias de su propia torpeza. La madre se mantuvo en rol de espectadora: no era su pie el dolorido y tampoco era suya la oportunidad de educar a su hija. Ésta, por tanto, se quedó campando, ufana y crecida tras su tarascada.

Una anécdota no establece categoría. Es cierto. Pero representa un modelo, un estilo de la sociedad que constituimos.

Educar – e-ducere- consiste en extraer de dentro a afuera, sacarle partido a la capacidad potencial del educando.

Los griegos creían que la estatua preexistía en el interior del bloque de mármol que trabajaba el escultor; éste debía ir a buscarla, hasta que emergiera con toda su belleza. De esa creencia nació la mayéutica socrática, el arte de educar preguntando, haciendo que el educando llegue por sí mismo al conocimiento, dando respuesta a las preguntas que le plantea el maestro.

Evidentemente, la mayéutica requiere diálogo, mirarse a los ojos, que es más que verse, escucharse, que es más que oírse, acercarse, que es más que estar juntos y comprenderse, que viene a ser como ver el mundo también desde los ojos del interlocutor, sin menoscabo de la apreciación personal.

Hoy, el silencio de la familia está bombardeado por un bullicio ensordecedor de estímulos de toda índole: tras el horario escolar, vienen las actividades extraescolares; se suceden clases de ballet, de yudo, de música, de teatro, de…, de…, que reducen el tiempo que los niños permanecen en el domicilio, mientras dan lugar a que los padres concluyan sus respectivas jornadas laborales, asistan al gimnasio, o a su sesión de orientación, léase coaching en argot.

Cuando ya no hay más remedio, la casa se va habitando. El primero que llega –a veces, el hijo más pequeño- enciende el televisor, o bien otro se enfrasca en su ordenador, o bien el púber retumba con la música de percusión de moda. Quien depende del fútbol, quien de los Simpsons, quien de las tertulias de cotilleo. Vale cualquier cachivache y cualquier motivo que garantice la enajenación, meta ruido, detenga el pensamiento, imposibilite las emociones y haga enmudecer al personal.

Los padres llegan demasiado cansados por su trabajo, hartos de la circulación y ahítos de tensión. Por consiguiente, no quieren tener más problemas, ni conflictos y acceden a cualquier eventualidad que emerja.

La palabra familia proviene de famulus, el que sirve. El nombre estaba bien puesto, a tenor de la trayectoria histórica de la institución: primero, los padres servían a sus hijos, durante su desarrollo, suministrándoles sustento, cariño, guía, educación y modelo de referencia; luego, los hijos servían a los padres, durante su vejez, acompañándolos y prestándoles la ayuda que necesitaran. Quizá había ayuda mutua durante toda la existencia, o servicios recíprocos.

Educar es un servicio que el educador presta al educando, desde luego. Para ello, todo educador ha de partir de una propuesta; por tanto, tendrá límites que habrá que respetar. Ha de seguir un método; si elige la mayéutica en el seno de la familia, estará dispuesto a un diálogo crítico continuo. Ha de contar con evaluación constante, un proceso de retroalimentación que refrende el logro y corrija el desvío hacia el fracaso; ello exige el control que otorga la cercanía y la atención amorosa, sin acosos acezantes, ni abandonos displicentes. Es bueno que haya premios, no materiales, ante el éxito y que los castigos sean integrativos y no punitivos, tras el fracaso.

Cuando sea preciso, habrá que frustrar el narcisismo de educando y ayudarle a ordenar su sentido hedonista. Si el educador, para evitarse complicaciones, renuncia a usar la frustración como herramienta educadora, sólo conseguirá ganar un niño verdugo, un adolescente indómito y un ciudadano, posiblemente inservible, tanto para sí mismo, como para la sociedad.

Educar, sobre todo, consiste en orientar las energías del educando, fijarle expectativas de desarrollo, establecer metas que alienten su motivación y proceso autopoyético.

Fuente: Periódico Liberal

sábado, 4 de septiembre de 2010

La inteligencia emocional en la empresa

 

Las siete hambres según Berne





LAS SIETE HAMBRES O NECESIDADES BÁSICAS

1. De estímulos (caricias físicas) así como de estímulos físicos como luz, sonidos, olores, sabores, sensaciones físicas que llegan a través de nuestros receptores sensoriales.

2. De reconocimiento o aceptación social de nuestra existencia como seres constituyentes de los diversos grupos a los que pertenecemos.

3. De estructuración de tiempo para evitar la incertidumbre en cuanto a qué hacer, el aburrimiento, y asegurar los estímulos requeridos.

4. De posición existencial para comunicarnos y actuar de acuerdo a las expectativas de nuestros grupos de pertenencia.

5. De incidentes y sucesos novedosos que rompan la monotonía y nos provean una dosis mínima de estrés.

6. De sexo para disminuir la tensión del deseo sexual, gozar de las caricias físicas de la relación sexual y del orgasmo, así como la relajación consiguiente.

7. De liderazgo para tener quien nos conduzca al cumplimiento de nuestras metas y nos apoye en ese proceso.

Formas de pensamiento según la posición existencial

Argumentos de vida, Impulsores y Frenadores

🧠 Descifrando el Código Interno: Guion de Vida, Impulsores y Frenadores

Una mirada profunda al Análisis Transaccional para comprender tu libreto inconsciente

📘 Nota de terminología: En el Análisis Transaccional clásico, el concepto de "Argumento de vida" se conoce técnicamente como Guion de Vida (Life Script). Los "Frenadores" se corresponden con los Mandatos Inhibitorios o creencias limitantes. A lo largo del artículo integraremos tu terminología con los términos clínicos para mayor precisión.

🎧 Audio guiado: Visualización Reparentalizadora

📥 Descargar audio (Google Drive)

"Todos nacemos príncipes y princesas. Nuestros padres nos convierten en ranas."

— Eric Berne, psiquiatra y padre del Análisis Transaccional

Con esta célebre y provocadora frase, el psiquiatra Eric Berne, padre del Análisis Transaccional (AT), resumía cómo las interacciones tempranas moldean nuestro destino psicológico.

El Análisis Transaccional no es solo una teoría psicológica; es un mapa para comprender la narrativa interna que nos contamos a nosotros mismos. Para entender por qué tomamos las decisiones que tomamos, por qué repetimos patrones y por qué a veces sentimos que avanzamos con el freno de mano puesto, debemos explorar tres conceptos clave: El Guion de Vida (nuestro argumento), los Impulsores (nuestro acelerador) y los Frenadores (nuestros mandatos inhibitorios).

🚗 Imagina tu vida como un viaje en automóvil. A continuación, te explicamos cómo funciona este vehículo psicológico.

1. El Guion de Vida: El "Argumento" de tu Historia

En el AT, el Guion de Vida es el plan inconsciente de vida que cada persona diseña durante su infancia (generalmente antes de los 6 o 7 años). Es el "argumento" o el guion de la película que estás protagonizando.

Este guion se crea como una estrategia de supervivencia. Un niño, dependiendo de cómo sea tratado por sus figuras de apego, llega a conclusiones sobre sí mismo, sobre los demás y sobre el mundo.

Ejemplo de un guion: "Si me hago invisible y no molesto, estaré a salvo y me querrán".

El resultado en la adultez: Una persona que en su trabajo nunca da su opinión, teme al conflicto y termina sintiéndose resentida e ignorada, cumpliendo así la "profecía autocumplida" de su guion infantil.

El objetivo del AT no es culpar a la infancia, sino tomar consciencia del guion. Una vez que eres consciente de tu argumento, dejas de ser un actor que repite líneas de memoria y te conviertes en el director que puede decidir si reescribir la obra.

2. Los Impulsores: El Acelerador Ansioso

Desarrollados por Taibi Kahler (continuador de Berne), los Impulsores (o Drivers) son mensajes condicionales que recibimos en la infancia. Son las reglas que dictan cómo debemos comportarnos para ser "buenos" y, por ende, merecedores de amor o atención.

Actúan como un acelerador a fondo. Nos empujan a hacer, a producir y a actuar, pero lo hacen desde el miedo y la ansiedad, no desde el deseo genuino. Los cinco impulsores clásicos son:

🔹 Sé Perfecto

"Solo vales si no cometes errores". La persona vive ansiosa por los detalles, le cuesta terminar proyectos por miedo a que no sean ideales y es su juez más severo.

🔹 Sé Fuerte

"No muestres vulnerabilidad ni emociones". Es el pilar de la familia o el trabajo. Nunca pide ayuda, somatiza el estrés en el cuerpo y se le nota el esfuerzo por "no derrumbarse".

🔹 Complace a los demás

"Tus necesidades son menos importantes que las de los otros". Anticipa los deseos ajenos, le cuesta decir "no" y suele sentirse agotado y no valorado, ya que da lo que espera recibir.

🔹 Esfuérzate

"El éxito solo vale si has sufrido para conseguirlo". Se enfoca en el proceso y el sacrificio, no en el resultado. Siempre está "intentando" hacer las cosas, pero rara vez disfruta de la meta alcanzada.

🔹 Date Prisa

"El tiempo es tu enemigo". Habla rápido, piensa rápido, se impacienta con los lentos. Vive en un estado de urgencia constante, lo que le lleva a cometer errores por precipitación.

La trampa de los impulsores: Nos dan una aprobación condicional ("Te quiero si eres perfecto / fuerte"), pero a cambio nos roban la espontaneidad y nos llevan al agotamiento (burnout).

3. Los Frenadores: Los Mandatos Inhibitorios

Si los impulsores son el acelerador, los Frenadores (conocidos en AT como Mandatos Inhibitorios o Injunctions) son los frenos. Son los mensajes profundos, a menudo no verbales, transmitidos por los padres o cuidadores a través de sus propias frustraciones, miedos o traumas no resueltos.

Son los "No" existenciales. Mientras que los impulsores dicen "Haz esto para ser querido", los frenadores dicen "No seas esto para no ser rechazado". Algunos de los frenadores más comunes son:

  • No seas tú mismo (Sé como yo quiero que seas).
  • No crezcas (Quédate en la infancia, el mundo adulto es peligroso).
  • No tengas éxito (Si brillas, me opacarás / me abandonarás).
  • No seas importante (Tus necesidades estorban).
  • No pienses (Confía ciegamente en mi autoridad).
  • No sientas (Ignora tus emociones, son un peligro).

¿Cómo actúan los frenadores en la vida adulta?
Aparecen como autosabotaje. Justo cuando estás a punto de lograr algo maravilloso (un ascenso, una relación sana), el "freno" se activa. Te pones enfermo, procrastinas, generas un conflicto absurdo o sientes un pánico paralizante. El frenador te está protegiendo de un peligro infantil que ya no existe, pero que tu Niño Interior sigue creyendo real.

4. La Integración: Saliendo del Autosabotaje

Cuando el Guion de Vida (la ruta equivocada) está siendo empujado por los Impulsores (acelerando por miedo) y bloqueado por los Frenadores (frenando por pánico al éxito o a la autonomía), el resultado es el sufrimiento psicológico: estrés crónico, depresión, ansiedad o la sensación de estar estancado en la vida.

¿Cuál es la solución que propone el Análisis Transaccional? La Autonomía.

Recuperar la autonomía significa desarrollar tu Estado del Yo Adulto (tu capacidad de observar la realidad aquí y ahora, sin las distorsiones del pasado) para aplicar tres antídotos:

  • Consciencia: Darte cuenta de qué guion estás viviendo. ¿Es tu historia o es la historia que te impusieron?
  • Permisos (Para soltar los frenos): Otorgarte a ti mismo el permiso que no te dieron de niño. Permiso para ser tú mismo, permiso para crecer, permiso para tener éxito, permiso para sentir.
  • Protección (Para apagar los impulsores): Aprender a cuidar de tu Niño Interior sin necesidad de usar el látigo de los impulsores. Puedes hacer las cosas bien porque te valoras, no porque necesites demostrar que mereces existir.

🌟 Conclusión: El Poder de Decidir

Eric Berne nos dejó un mensaje profundamente esperanzador: si el guion fue una decisión tomada en la infancia para sobrevivir, en la adultez puede ser tomado como una nueva decisión para vivir.

No estás condenado a repetir el argumento de tu vida. Puedes identificar los mandatos que te frenan, agradecer a los impulsores por haberte ayudado a sobrevivir en el pasado, pero invitarlos amablemente a que se retiren. Al soltar el freno y dejar de pisar el acelerador por ansiedad, descubres que, por primera vez, eres tú quien sostiene el volante.

✦ ❧ · · · El conocimiento de nuestro libreto inconsciente es el primer paso para reescribir nuestra historia · · · ❧ ✦


Basado en el Análisis Transaccional de Eric Berne · Contenido con fines educativos y de crecimiento personal.

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

✦ ❧ · · · Sanar el pasado para vivir el presente · · · ❧ ✦