domingo, 10 de marzo de 2019

Reparentalización de la mujer o somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar


En el pasado, a las brujas se las quemaba. Generalmente estas brujas eran mujeres que destacaban, sin marido y sin hijos. Según la periodista Mona Chollet, autora de "Las brujas, el poder invicto de las mujeres", el oprobio siempre está dirigido a quienes se atreven a vivir de manera diferente.


Ella plantea que desde entonces queda una misoginia obstinada, que siempre se dirige en nuestras sociedades hacia las mujeres solteras y sin hijos, las mujeres mayores o, simplemente, hacia las mujeres libres. Y dice que hoy más que nunca, las brujas nos hablan de nuestro mundo y marcan el camino.

Y analiza como fue la caza de brujas. La mujer sin hijos, la soltera, la mujer mayor eran el perfil mayoritario entre las acusadas y victimas de la caza de brujas: ancianas, viudas y solteras. Algunas eran curanderas y magas, sabían de hechizos, proporcionaban pociones medicinales o “mágicas”, pero también cuidaban de los enfermos, ayudaban a dar a luz o a abortar. La era de la caza de brujas es también la de la criminalización de los anticonceptivos y el aborto.

Las abortistas eran, por lo tanto, parte de las mujeres perseguidas,  se crearon imágenes de las brujas devorando a los niños. La bruja, dice el politólogo Armelle Le Bras-Chopard, es "la anti-madre ". Y eso, por tanto, le permite no estar subordinada a un hombre.




Desgraciadamente todavía en nuestros días la mujer soltera, la mujer sin hijos, la anciana pueden ser objeto de ciertos restos de ese oprobio. Obviamente menos violento. Las cazas de brujas fueron, según define la historiadora Anne L. Barstow, una "explosión de misoginia" de violencia extrema. Pero la historia nos ha negado mirar a la cara esta matanza masiva. Lo ubicamos a cierta distancia, asociándolo con una imagen de mujeres volando por la noche en una escoba.

Seguimos ubicándolo en la Edad Media, tiempo oscurantista con el que creemos que no tenemos ya  nada  que ver, aunque las cazas datan del Renacimiento y marcan la entrada a nuestra modernidad. De la misma manera, olvidamos que no son obra de un fanatismo religioso, ya que la gran mayoría de las condenas tuvieron lugar en tribunales civiles.

Más allá de las víctimas directas (cincuenta mil a cien mil, aunque la cifra sigue siendo discutida y probablemente nunca se sabrá con certeza), todas las mujeres, incluso aquellas que nunca fueron acusadas, sufrieron sus efectos. La puesta en escena pública de las torturas les ordenó a las mujeres que fueran discretas y sumisas. Además,introyectaron, de alguna manera, la convicción de que encarnaban el mal y se convencieron de su culpa básica. Es fácil suponer que hemos heredado estos estereotipos (mandatos) tan negativos, que continúan produciéndonos coherciones, censuras o autocensuras, hostilidad, incluso violencia. Todos estos mandatos son mucho más poderosos, puesto que son interiorizados  y nos condicionan  ante ciertas elecciones, por temor a encontrarnos en posiciones ingratas.  La soltera (supuestamente infeliz y patética), la mujer sin hijos (necesariamente sin corazón) y más aún, la anciana (la "vieja") todavía está estigmatizada.

Si se dice que las mujeres se marchitan con el tiempo, cuando los hombres mejoran, es en gran parte porque estas representaciones persisten en nuestra imaginación, desde brujas de Goya a las de Walt Disney.




Como si el envejecimiento estuviera prohibido a las mujeres! Esto es muy violento para la mujer.  No nos queda mas remedio que aceptar, a pesar de nosotras, esta imagen "vieja", si tenemos la suerte de vivir lo suficiente, y es difícil negociar este paso del tiempo. Muchas intentan asumir el reto absurdo de parecerse a lo que la sociedad considera la única forma aceptable para una mujer mayor de 30 años: una niña embalsamada viva .

 Carrie Fisher dice: "Los hombres no envejecen mejor que las mujeres, solo tienen el "permiso" para envejecer. Ella misma sufrió el rechazo en su papel de princesa Leia en la última película de Star Wars, cuarenta años después. Por supuesto, había cambiado, lo que provocó reacciones muy violentas de los espectadores, en particular en las redes sociales. Los productores la obligaron a perder mucho peso antes de filmar, lo que podría ser uno de los factores que explican su muerte por paro cardíaco a 60 años. Harrison Ford también había envejecido, pero nadie hizo los mismos comentarios. Las actrices siguen siendo un espejo que magnifica el trato desigual  a las mujeres. En Hollywood, sus salarios bajan después de los 35 años, cuando los hombres suben en sus 50 y luego se mantienen estables.

Los tabúes del envejecimiento y de la muerte,  nos afectan a todos, mujeres y hombres. Pero es esencialmente el envejecimiento femenino lo que “hay que ocultar”. ¡Además, es la vida entera de la mujer la que se ve afectada, no solo su vejez! Las mujeres viven desde muy temprano con la idea de que serán pronto “obsoletas” o estarán “fuera del mercado”.

En los Estados Unidos, el gigante minorista Walmart ha lanzado incluso una gama de maquillaje, antioxidantes y antiarrugas para las niñas de  8 a 12 años. Esta sensación de cuenta atrás es mayor debido también a nuestra capacidad de dar a luz, por supuesto. Seguimos manteniendo la ilusión de que la edad de los papas no importa, como Mick Jagger, que se convirtió en padre por octava vez a los 73 años, cuando ya era bisabuelo, o Papuchi en España. Pero la realidad es que hay mucho más riesgo de malformaciones en el feto, abortos involuntarios, cuando el hombre es mayor ¡Su fertilidad también cae! Pero existe la idea implícita de que, en cualquier caso, el hombre no es tan importante para cuidar al niño, que tendrá una compañera más joven que podrá hacerlo y levantarse por las noches.

Admiramos, comentamos, atacamos, criticamos los cuerpos de las mujeres, pero no el de los hombres.

Virginie Despentes, en la teoría de King Kong, escribe que "los hombres no tienen cuerpo". Ocupar una posición dominante en la política, la sociedad, la economía, ser quien tiene el poder en el mundo ha permitido a los hombres ser sujetos absolutos. Las mujeres han sido encerradas en el estado de objeto puro,  seres físicos. Ellos se sienten libres para juzgar los cuerpos de las mujeres, para dar a conocer el placer o el disgusto que les da el espectáculo del cuerpo femenino.  Donald Trump incluso logró burlarse de Hillary Clinton, que se había tomado un descanso durante un debate en el Partido Demócrata para ir al baño ... ¡como si no tuviera vejiga ni intestinos!

¡El valor atribuido por la sociedad a la juventud es muy nocivo! Si eres mujer solo detente a pensar como te sientes envejeciendo. Si ya tienes la edad suficiente, es posible que te des cuenta que creíste que la juventud era un privilegio para una mujer que te proporcionaba ventajas y quizás eso se imbrincó profundamente en el sentido de tu propia identidad y cuando la juventud se fue yendo te enfrentaste a un no “saber” donde ubicarte, o como hacerlo.

Incluso el feminismo está afectado de esta ceguera. La ensayista estadounidense Barbara Macdonald cita una clasificación propuesta por la Ms. Magazine (es una revista feminista y liberal de Estados Unidos ) : "Ochenta mujeres para seguir en la década de 1980". De estas, solo seis tenían entre 50 y 60 años a pesar de que las mujeres mayores tienen una experiencia muy valiosa. La caza de brujas nos da la respuesta:  porque la sabiduría de la mujer se considera una amenaza.

Deconstruir estereotipos invita a romper viejas imágenes y sustituirlas por otras.



Nuestros juicios sobre la belleza y la fealdad que están vinculadas a un orden de valores, ¡pueden evolucionar!

No sólo queremos la igualdad de salarios, queremos sentirnos bien con nosotras mismas, queremos aprender a cuidarnos, valorarnos y nutrirnos a nosotras mismas tanto como lo hacemos con los demás. Y esa es la verdadera revolución, la revolución interna. La reparentalización de la mujer pasa por darse y tomar Permisos para “ser”, “decidir” , “luchar” y construir su bienestar y autonomía.