viernes, 23 de diciembre de 2011

Cómo Hacer el Amor con Amor por Dagmar O’connor



«Hemos perdido el sentimiento amoroso.»

Actualmente esta expresión resuena como un eco en mi consultorio. Las parejas vienen a contarme que pueden practicar el coito -el equipo todavía funciona- pero no pueden «hacer el amor».

Y ése es un problema grave.

En algún punto del camino el sexo y el amor se han separado, y no hay ningún libro para mejorar las técnicas sexuales o para «lograr el superorgasmo» que sea capaz de reunirlos de nuevo.

Leyendo esos libros podemos aumentar nuestra adicción al sexo, pero seguiremos sintiéndonos emocionalmente hambrientos.

Falta la conexión entre los dos que comparten los sentimientos. Falta intimidad.

Mi objetivo como terapeuta sexual ha sido siempre encontrar el camino hacia el auténtico hacer el amor, descubrir cómo conseguir que vuelvan a fluir los sentimientos amorosos e integrarlos en una vida sexual satisfactoria. Limitarse a «arreglar» un problema sexual no conmueve el corazón. A menudo el sexo es solamente una manera de evitar los sentimientos.

Mi primer libro, Cómo hacer el amor con la misma persona para el resto de su vida (y con el mismo entusiasmo), se centraba en un problema eterno: cómo mantener vivas las relaciones sexuales dentro del matrimonio o de cualquier relación estable. Se estudiaban las mil maneras en que la rutina puede quitar la emoción a una vida sexual libre, relajada y variada. Cómo hacer el amor con amor es  exactamente lo contrario del libro anterior.

Estudia por qué separamos el amor del sexo, cómo para  “realizar el coito» suprimimos las emociones y cómo usamos el sexo genital para evitar los sentimientos amorosos. Pero lo más importante que ofrece mi libro es la «receta» básica para volver a reunir el amor y el sexo.

 Cómo hacer el amor con amor es una respuesta a la joven que me dijo:

El sexo hace que me sienta cada vez más sola. Como si evidenciar” lo poco que hay entre mi marido y yo.
Y también contesta al hombre maduro que me preguntó:

¿Cómo puedo obligarme a hacer el amor si no tengo «amor» para eso?
Y es una guía para los centenares de hombres y mujeres que vienen a mi consulta preguntándome:

¿Podré volver a sentir la verdadera intimidad sexual alguna vez?
Mi respuesta es un estentóreo « ¡Sí!”, si están dispuestos a intentarlo. El programa que se ofrece en este libro puede conducirlos al ámbito de la intimidad sexual de una manera que quizá nunca hayan experimentado.

Pero la verdad es que espero que mi programa les dé mucho más que eso. Aprendiendo (o reaprendiendo) a hacer el amor con sentimientos genuinos, confío en que puedan mejorar todos los aspectos de su relación, tanto dentro como fuera del dormitorio. Llegando directamente hasta sus sentimientos más íntimos, podrán traspasar las capas de culpa, recriminaciones y dependencia que han ido estableciéndose durante años entre usted y su cónyuge.

TABLA DE CONTENIDO

PRIMERA PARTE:

¿Quién  quitó el amor al hacer el amor?

¿Practica el coito o hace el amor?
El matrimonio de un minuto                                
Los tipos recios no hacen mimos                          
Las mujeres liberadas no tienen sobresaltos sentimentales                                                    
El trueque más antiguo del mundo: sexo por amor y Viceversa                ,                            
Deslealmente tuyo                                                  
Sexo seguro: todo tiene una faceta positiva            
La fusión del amor y el sexo              
                   
SEGUNDA PARTE:

Cómo se vuelve a poner amor cuando se hace el amor
Los ejercicios sensuales graduales
«Pasemos por alto esta parte del libro, ¿no, querida?»
 «Quiero que me toques  ¡ya!»
Caricias diferentes para personas diferentes
Haga de su vida amorosa un banquete
Comparta su secreto más íntimo
El fruto precioso
Muestre y cuente, toque y retírese
El amor que usted hace

Dios Mio, Hazme Viuda, por favor





Cuando aceptamos todo lo que se nos ha enseñado como un dogma y no lo cuestionamos, nos vamos convirtiendo en zombis, en robots, y las circunstancias dominan nuestras vidas. Así, la dependencia aumenta y se reproducen los miedos: miedo a ser nosotras mismas, miedo a perder el afecto de los otros, miedo a ser criticadas, miedo a ser diferentes, miedo a romper las reglas y tradiciones ancestrales de la familia —aunque muchas de ellas se enfoquen más en guardar las apariencias que en crecer como personas—, miedo a fracasar y también a triunfar, miedo a encontrarnos con nosotras mismas porque probablemente encontremos muy poco, miedo a perder la seguridad a que nos aferramos, miedo a elegir cuando por años nos han resuelto lo que debemos hacer, lo que es bueno y lo que es malo, aunque nada de esto tenga que ver con lo correcto, miedo a pensar y cuestionar, miedo a cambiar un neumático, un fusible, miedo a decir lo que pensamos, a vivir como sentimos, a expresar nuestros deseos, a decir sí y también no.
Dependencia y miedo se retroalimentan, y nos convierten en seres vulnerables, pequeños y víctimas del destino. Dependencia y riesgo son incompatibles.

Romper su adicción a una persona



¿Es usted incapaz de dejar una relación sentimental aunque le produce más dolor que alegrías? Su criterio y respeto por sí mismo le dicen que debe acabarla, pero, a pesar de esto y para su desesperación, sigue colgado de ella. Usted sufre de adicción a una persona. Aquí tiene una guía profunda, paso a paso, para romper dicha adicción y sobrevivir a la ruptura, que le explica:

Por qué alguien se convierte en adicto a una persona
Por qué y cómo se engaña a sí mismo (“Él me quiere, sólo que no sabe como demostrármelo.”)
Cómo reconocer los síntomas de una relación perjudicial
Cómo luchar contra las artimañas que su pareja utiliza para retenerle
Por qué los sentimientos intensos de celos no significan que esté “enamorado”
Cómo superar el duro periodo de ruptura - sin volver
Cómo no verse atrapado de nuevo en una relación tan dolorosa

lunes, 5 de diciembre de 2011

Ejercicios emocionales

Estrategias de intervención para el manejo de la rabia y la tristeza

EJERCICIO 1: El control del pensamiento.
EJERCICIO 2: Fantasía guiada: el modelo ideal
EJERCICIO 3: Diario de lo que va bien
EJERCICO 4: Fantasía guiada sobre el perdón
EJERCICIO 5: Manejo del resentimiento y perdón (Simonton y cols. 2003)
EJERCICIO 6: Curación al redactar un diario sobre el trauma emocional
EJERCICIO 7: La escalada del síntoma o problema (Armendáriz, 1997)
EJERCICIO 8: La despedida (Goulding y Goulding,1985 tomados por Gimeno-Bayón y Rosal, 2001)


Estrategias de intervención para el manejo de la rabia y la tristeza

Las siguientes técnicas son para uso individual pero también se pueden utilizar grupalmente. Son útiles tanto a nivel del duelo normal como del patológico.

EJERCICIO 1: El control del pensamiento.

El facilitador representará y expondrá los pensamientos positivos, para más adelante hacerlo el paciente. También es útil que el paciente ponga por escrito sus pensamientos negativos y positivos dialogando consigo mismo (técnica tradicional simplificada a pensamiento original -negativo- y nuevo pensamiento positivo).

EJERCICIO 2: Fantasía guiada: el modelo ideal

• Cierra los ojos, adopta una postura cómoda y dirige tu atención a la respiración. Ahora imagínate a alguien a quien te gustaría parecerte en su manera de tomarse las cosas, en su manera de reaccionar emocionalmente.
• Imagina a esa persona nítidamente, su vestimenta, su manera de andar, el tono de su voz, etc. Imagina que esa persona vive un grave acontecimiento: la pérdida de un ser querido o el anuncio de su propia muerte.
• Observa cómo reacciona esa persona cuando recibe la noticia, imagina lo que piensa, lo que siente, lo que dice, lo que expresa, cómo decide afrontar la situación. Ahora imagina que tú estás dentro de la piel de esa persona, tú eres y reaccionas como esa persona aunque mantienes tu identidad... y recibes la noticia, date cuenta de cómo te mueves cómo respondes, date cuenta de la diferencia entre cómo reaccionas ahora y cómo reaccionas habitualmente.
• Despídete de la fantasía ahora y vuelve a llevar la atención a tu respiración... y termina.

EJERCICIO 3: Diario de lo que va bien

Anota cada día por escrito 3 cosas que hayan ido bien durante el día y por qué han ido bien durante un mínimo de 2-3 semanas (aunque se pueda alargar a toda la vida como diario personal). Con este ejercicio aprendes a dirigir la atención a los aspectos positivos de tu vida.

EJERCICIO 4: Fantasía guiada sobre el perdón

• Se comienza realizando una relajación. Tómate tiempo para entrar en contacto contigo mismo. Ve centrando la atención en los movimientos de tu corazón. Percibe sus latidos y su calor.
• Hazte estas preguntas "¿Qué representa el perdón para mí? ¿Qué nueva calidad de vida podría proporcionarme?".
• Recuerda una experiencia positiva en la que tú hayas sido perdonado. Tómate tiempo para saborear la alegría de ese perdón.
• Ahora deja aflorar el recuerdo de la persona con la que está resentido. Mírala. Óyela. Deja que se aproxime esa persona que habías expulsado de tu corazón.
• Deja emerger las emociones y sentimientos que te animan. Tómate tiempo para identificarlos y aceptarlos.
• Si tus emociones son demasiado fuertes, no sigas, tómate tiempo para digerirlas y asimilarlas y poder continuar.
• Si te sientes bien, sigue dejando aproximarse a la persona que quieres perdonar.
• Cuando te sientas preparado, déjala entrar en tu corazón. Susúrrale: "Te perdono". Dirígete a su corazón y con tus palabras y a tu manera dile algo así como "Te perdono todo lo que me has hecho en el pasado, y lo que me ha hecho daño o me ha perjudicado: tus palabras, tus gestos o incluso tus pensamientos. Te perdono; te perdono..."
• Toma consciencia de hasta qué punto esa persona está sufriendo y se siente asustada y herida.
• Descubre como para ti la ofensa ha concluido, ha quedado zanjada, que ya no influye en ti.
• Luego con tu bendición, déjale marcharse como una persona liberada, transformada, rejuvenecida por tu perdón. Déjale seguir su camino, deseándole la mayor felicidad posible.
• Agradece a la vida que te haya concedido esa gracia de poder perdonar.

IMPORTANTE: este ejercicio se debe realizar después de que la persona haya podido expresar completamente sus sentimientos negativos hacia la persona con la que está resentido (en role-playing o en imaginación).
Este ejercicio es aplicable a situaciones donde no es una persona sino Dios, o la Vida o la Sociedad con al que uno está resentido.

EJERCICIO 5: Manejo del resentimiento y perdón (Simonton y cols. 2003)

Siéntate en una silla cómoda con los pies en el suelo y cierra los ojos.
Lleva la atención a la respiración.
Haz una clara representación en tu mente de la persona hacia la que sientes resentimiento.
Imagina que a esa persona le ocurren cosas buenas: recibe amor, cuidados, dinero, etc.
Percibe tus propias reacciones.
Imagina la situación desde el punto de vista de la otra persona.
Se consciente de que estás menos resentido. Mentalízate para llevar esta nueva forma de pensar.
Abre los ojos y continúa con tus actividades cotidianas.

EJERCICIO 6: Curación al redactar un diario sobre el trauma emocional


Se puede aprender a gestionar la ira y la tristeza, como otras emociones, por medio de la redacción de un diario personal donde se puedan expresar las emociones más destructivas e íntimas. Y si se comparte con el facilitador, todavía mejor. Pero para ser más efectivo es bueno seguir las siguientes normas:
• Céntrate en esa pérdida que constituye tu experiencia traumática.
• Escribe sobre aquellos aspectos que has comentado menos o que imaginabas que no comentarías a nadie.
• A la vez que narras los hechos transcribe tu reacción a ellos: tus sentimientos y pensamientos.
• No te preocupes por la gramática ni la ortografía.
• Escribe un mínimo de 15 minutos, al menos durante 4 días. Si te quedas bloqueado escribe sobre el bloqueo mismo.
• Programa una actividad transitoria después de la escritura, antes de volver a la "vida normal".

EJERCICIO 7: La escalada del síntoma o problema (Armendáriz, 1997)


Se trata de aprender a aumentar y disminuir mi rabia y mi tristeza, y observar qué pensamientos o imágenes la aumentan y la disminuyen. Los pasos son:
• Prescripción y escala del síntoma. En una escala de 1 a 100 donde 100 es lo peor ¿qué número expresa el grado en el cual tú estás experimentando ese problema en este momento?
• Prescripción del problema. Permite que el problema empeore. ¿En qué grado empeora? Ahora permite que el problema mejore. ¿En qué grado mejora?
• Toma consciencia de lo que haces para mejorar y aplícalo en tu vida cotidiana.

EJERCICIO 8: La despedida (Goulding y Goulding, 1985 tomados por Gimeno-Bayón y Rosal, 2001)

Aceptación de los hechos. Reconocer que no se puede estar en otro entorno (el que se tenía).
Expresar sentimientos pendientes. Se le pide a la persona que dibuje la situación o persona añorada, o la visualice en la memoria tal y como era en el momento en el que se apartó, y que coloque este recuerdo/imagen/dibujo en un lugar concreto de la habitación. Se le pide que se dirija a él como si se tratase de un interlocutor real y rememorando lo que sucedía interiormente en el momento de la partida, le exprese tanto el agradecimiento por los buenos ratos y los beneficios que ha obtenido de él, como el resentimiento por los malos ratos, el miedo por tener que afrontar los cambios derivados de su partida, la pena por marchar o cualquier otro contenido emocional, siempre relatado en tiempo presente. Después el sujeto se coloca en el espacio físico donde había situado al ser desaparecido y asume su identidad. Y le/se responderá a lo que antes le había expresado. El sujeto podrá intercalar varias veces esos roles hasta que pueda experimentar una clarificación de sus sentimientos y emociones con respecto a la marcha. Y acaba estos diálogos diciendo adiós a la persona o situación, lugar de trabajo, país, etc.
Revivir el alejamiento. Se trata de recordar como tuvo lugar su despedida real en el pasado y revivirla como si tuviera lugar en el presente. El facilitador insistirá para que en la fantasía vea alejarse a la persona de la que se despide, mientras se repite la palabra "adiós" hasta que desaparezca de vista.
Fijación de un tiempo de luto. La persona puede desear concederse un tiempo de duelo para digerir la pena. En la mayoría de los casos suele suceder que tras la despedida del punto anterior, la persona ya esté lista para el presente y rechace cualquier tiempo de luto. En otros casos, sin embargo, prefiere darse una hora, o un mes o cualquier otro tiempo, para llorar internamente la pérdida.
Recibir el presente. Una vez pasado el tiempo de luto, el facilitador ayudará a la persona a centrarse en el presente y acogerlo, aceptar la vida con las nuevas limitaciones, pero con posibilidades de ser razonablemente feliz.

martes, 29 de noviembre de 2011

Coaching Mágico para convertir tu Rana en Príncipe


Todos tenemos ranas en nuestras vidas. En más de un momento nos saltan las ranas alrededor. ¿Y cómo transformarlas? ¿Se puede? Con nuestra magia personal, los cuentos tradicionales y una mirada alegre es posible. Basta enamorarse de nuestras ranas para verlas diferentes y ponernos a saltar con ellas. Aunque con el coaching cada uno encuentra sus príncipes y sus ranas. Lo importante es que todos podemos sacar a la reinas que llevamos dentro

sábado, 26 de noviembre de 2011

Coaching para el Éxito

Manual para no morir de amor


1. Estás con alguien que no te quiere, te lo dice sin tapujos y no ve la hora de irse o de que te vayas. Pero tú sigues ahí, esperando el milagro que no llega y soportando un rechazo que no te da treguas. Independientemente de la causa, la lectura del principio 1 te servirá de ayuda y reflexión: Si ya no te quieren, aprende a perder y retírate dignamente.

2. Tienes otra persona, la deseas y la amas. Sin darte cuenta, poco a poco, has construido una vida paralela, que va mucho más allá de la aventura. Te preguntas qué hacer constantemente, aunque, en realidad, lo tienes claro, pero no sabes cómo llevarlo a cabo: te falta coraje. Tu sueño es reemplazar mágicamente a tu pareja por el amante y que todo siga igual, como si nada hubiera pasado. Te hallas inmerso en un
gran dilema que no te deja vivir en paz. La lectura del principio 2 te servirá de ayuda y reflexión: Casarse con el amante es como echarle sal al postre.

3. Te encuentras en una relación desesperante porque tu «pareja» es ambigua y tiene «dudas» de hasta dónde quiere llegar contigo, ya que no está segura de sus sentimientos.
Es el síndrome del «ni contigo, ni sin ti», cuya víctima eres tú; además, no tienes la menor idea de cómo hacerle frente. Tu pareja fluctúa entre el amor y el desamor y tú oscilas al compás de ella. La lectura del principio 3 te servirá de ayuda y reflexión:
¿Ni contigo, ni sin ti? ¡Corre lo más lejos posible!

4. Sientes (y sabes) que el poder emocional o afectivo en la relación lo tiene tu pareja, es decir, que ella puede prescindir de ti más fácilmente de lo que tú, llegado el momento, podrías prescindir de ella. Y en esta lucha de fuerzas y debilidades, de apegos y desapegos, siempre estás por debajo; lo que te lleva a decir «sí», cuando quieres decir «no» o acceder a acuerdos que no van contigo. Todo esto ¿lo haces por amor o
por miedo a perder a la persona amada? La lectura del principio 4 te servirá de ayuda y reflexión: El poder afectivo lo tiene quien necesita menos al otro.

5. Tienes un amor enquistado, reciente o antiguo, que no puedes olvidar y no te deja establecer nuevas relaciones. Para borrarlo de tu mente y de tu corazón has llegado a la conclusión de que «un clavo saca otro clavo» y has salido a buscar uno más «grande» y poderoso para que elimine al ex o la ex de una vez por todas. Desafortunadamente, el procedimiento no te ha dado resultado y el viejo amor sigue allí, flotando
en la memoria emocional con la misma fuerza de siempre. La lectura del principio 5 te servirá de ayuda y reflexión: Un clavo no siempre saca otro clavo: a veces los dos se quedan dentro.

6. Vives en un martirio perpetuo: por querer resolver los problemas de tu pareja te has olvidado de tu persona. Pero no sólo la ayudas e intentas sacarla adelante a cualquier precio, sino que utilizas una manera de sacrificarte absolutamente irracional: te vuelves opaco a propósito, para que ella, por contraste, brille más. Compensas negativamente y ocultas tus virtudes para que los déficits de tu pareja se disimulen o no se
noten tanto. Practicas una curiosa forma de suicido afectivo. La lectura del principio 6 te servirá de ayuda y reflexión: Evita el sacrificio irracional: no te anules para que tu pareja sea feliz.

7. Tu relación actual es tan fría como distante. Tu pareja no expresa el amor como quisieras y necesitas. Sientes que te deja a un lado y que la indiferencia es el principio básico en el que se sustenta el vínculo. La displicencia y los rechazos te duelen profundamente y afectan a tu autoestima, pero no eres capaz de tomar decisiones.
La lectura del principio 7 te servirá de ayuda y reflexión: Si el amor no se ve ni se siente, no existe o no te sirve.

8. Has puesto a tu media naranja por las nubes. Piensas que estás con una persona sumamente especial y que no te la mereces. Has idealizado a tu pareja y te has apegado a esa imagen ilusoria que te impide ver su lado normal y humano. El problema es que en algún momento tendrás que aterrizar, y es posible que no te guste lo que veas, cuando ya no utilices autoengaños ni distorsiones. Quizá estés enamorada o enamorado
de un espejismo creado por ti. La lectura del principio 8 te servirá de ayuda y reflexión: No idealices al ser amado: míralo como es, crudamente y sin anestesia.

9. Estás con alguien muy mayor o muy joven para tu edad, y eso, aunque intentes disimularlo, te genera cierta ansiedad. Sabes que con el tiempo la diferencia de edad se acentúa y no quieres convertirte en una persona celosa e insegura. Aun así, prefieres no pensar en ello seriamente porque temes malograr la dicha de vivir un amor como el que ahora sientes. De todos modos, consciente o inconscientemente, te preguntas: ¿cuántos años me quedan de felicidad? La lectura del principio 9 te servirá de ayuda y reflexión: El amor no tiene edad, pero los enamorados sí.

10. Te has separado recientemente y andas dando tumbos. Has perdido tus puntos de referencia habituales, te sientes sola o solo y estás del amor hasta la coronilla. Además, juras que no volverás a tener a nadie y que todos los que te rodean son unos idiotas. En fin: tienes dificultades para aceptar una separación que todavía te duele y no eres capaz de empezar de nuevo. La lectura del principio 10 te servirá de ayuda y
reflexión: Algunas separaciones son instructivas: te permiten saber lo que no quieresdel amor.

Haz clic en la portada del libro para acceder a él.

viernes, 25 de noviembre de 2011

El coaching y el empowerment en las organizaciones


Pincha en la imagen para acceder al libro


El coaching está siendo aplicado cada vez más en empresas y organizaciones de todo tipo. La intervención de un coach profesional, en grupos de trabajo o en trabajo personal sobre los directivos, está transformándose rápidamente en una ventaja competitiva de la organización.
Razones por las cuales el coaching es importante para las empresas:


  • Facilita que las personas se adapten a los cambios de manera eficiente y eficaz.
  • Moviliza los valores centrales y los compromisos del ser humano.
  • Estimula a las personas hacia la producción de resultados sin precedentes.
  • Renueva las relaciones y hace eficaz la comunicación en los sistemas humanos.
  • Predispone a las personas para la colaboración, el trabajo en equipo y la creación de consenso.
  • Destapa la potencialidad de las personas, permitiéndoles alcanzar objetivos que de otra manera son considerados inalcanzables.

En el mundo de hoy no tenemos límites técnicos, sino que tenemos límites paradigmáticos.
Estamos ciegos respecto de muchas de las grandes cosas que nos limitan, por lo que no somos capaces de observar por qué tenemos los mismos problemas en forma recurrente.
En las compañías en las que trabajamos el tema del cambio, no buscamos sólo mejorar, sino transformar la cultura realmente y cambiar las conversaciones que la gente tiene para que no se quede atrapada en las historias que hacen que se siga haciendo siempre lo mismo. Es común ver en las organizaciones, como seres humanos que la componen, que cuando no consiguen el resultado que quieren, arman una "historia" que justifique no producir los resultados.
El coaching está muy focalizado en los resultados, pero para los coaches lo que importa es la gente, porque son ellos quienes producen los resultados. El poder en una relación de coaching no está en la autoridad del coach, sino en el compromiso y la visión de la gente. Los coaches le dan poder a la gente.

La colección de de Los 101 Errores de Coaching y Cómo Evitarlos

“Los 10 “errores” más frecuentes” que pueden servir de guía en tu proceso de aprendizaje continuo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Nuevas relaciones humanas en el nucleo familiar. Virginia Satir




El modelo de crecimiento Satir se basa en su creencia de que los seres humanos tienen la "capacidad de cambiar, ampliar, y crecer. Junto con el amor, el descubrimiento de la libertad de expresar los propios sentimientos y las diferencias son los principales componentes de su modelo." (Satir et al., 1991 p.16) Las creencias terapéuticas Satir son la base de su modelo de crecimiento.  Las creencias y los principios comunes del modelo de crecimiento Satir son los siguientes:


  1.  El cambio es posible.  Incluso si el cambio exterior es limitado, el cambio interno es posible.
  2.  Los padres hacen lo mejor que pueden en un momento dado.
  3.  Todos tenemos los recursos internos que necesitamos para enfrentar con éxito y crecer.
  4.  Tenemos opciones, especialmente en términos de respuesta al estrés en vez de reaccionar a las situaciones.
  5.  La terapia debe centrarse en la salud y las posibilidades en lugar de en la patología.
  6.  La esperanza es un componente o ingrediente importante para el cambio.
  7.  Las personas se conectan, sobre la base de ser similares y crecer sobre la base de ser diferente.
  8.  Un objetivo importante de la terapia es llegar a poder elegir.
  9.  Estamos todas las manifestaciones de la fuerza de la vida misma.
  10.  La mayoría de la gente elige la familiaridad sobre el confort, especialmente durante momentos de estrés.
  11.  El problema no es el problema; hacer frente es el problema.
  12.  Los sentimientos nos pertenecen a nosotros.  Todos los tenemos.
  13.  La gente es básicamente buena.  Necesitan conectarse y validar su propia autoestima, para encontrar su tesoro interior.
  14.  Solemos repetir los patrones familiares de los padres, incluso si los patrones
  son disfuncionales.
  15.  No podemos cambiar los hechos pasados, sólo los efectos que tienen sobre nosotros.
  16.  Apreciar y aceptar el pasado aumenta nuestra capacidad para administrar nuestro presente.
  17.  Uno de los objetivos en el movimiento hacia la totalidad es aceptar nuestras figuras parentales y cumplir con ellos a nivel de persona y no sólo por sus funciones.
  18.  Hacer frente a la vida es la manifestación de nuestro nivel de autoestima.  Cuanto mayor sea nuestra autoestima, más sana nuestra supervivencia.
  19.  Los procesos humanos son universales y por lo tanto se producen en diferentes entornos, culturas y circunstancias.
  20.  El Proceso es el camino del cambio.
  21.  La congruencia y la alta autoestima son los principales objetivos en el modelo de Satir.
  22. Las Relaciones humanas saludables se basan en la igualdad de valor.  (Satir et al., 1991 p.16)

sábado, 19 de noviembre de 2011

Las afirmaciones positivas versus creencias

Los Médicos Joanne Wood y John Lee de la Universidad de Waterloo en Canadá, junto con el doctor Elaine Perunovic de la Universidad de New Brunswick llevaron a cabo un estudio con 68 hombres y mujeres sobre cómo afectaban las afirmaciones positivas en dos grupos: grupo con baja autoestima y grupo con autoestima alta.

Los experimentos revelaron que los participantes del grupo con baja autoestima, que repitió una afirmación positiva: "Soy una persona adorable" o que se centró en la forma en que la declaración era verdad, se sentian sentí peor que aquellos que hicieron la afirmación en absoluto. El grupo de baja autoestima se sintieron peor al hacer la afirmación "Yo soy una persona amable" que el grupo con baja autoestima que simplemente se centraron en si la afirmación era verdadera o falsa.

Los participantes con alta autoestima, quienes repitieron la afirmación "Yo soy una persona amable", se sintieron mejor (con su autoestima elevada) que aquellos que no lo hicieron. Y los participantes con alta autoestima que se centraron en si era verdad o no la afirmación de "Soy una persona adorable" también se sintieron mejor que aquellos que no lo hicieron.

La conclusión es que cada vez que intente ir en contra de lo que siente y lo que usted cree sobre usted mismo, usted activará la resistencia y las creencias fundamentales que lucharan para estar en lo cierto, para ser vindicado. Y, cuanto mejor se sienta con usted mismo, más fácil es afirmar su manera de sentirse mejor, el éxito llama al éxito.

¿Eso significa que si usted está deprimido o que sufren de baja autoestima está condenados a no poder recibir ayuda?

La respuesta es "empezar donde estás y lo que sientes" y poco a poco cambiar a través de un trabajo cognitivo sin aumentar la resistencia subconsciente y emocional. En vez de negar el sentimiento o la creencia, usarlo como palanca. Por ejemplo, "Soy un perdedor"

"Así que usted se siente como un perdedor. Qué lo llevó a sentirse de esa manera?
¿De qué manera podría ser un ganador? "

El énfasis aquí es el uso de la palabra, "sentir" lo que ayuda a la persona a ver que “ser un perdedor no es permanente” - solo es un sentimiento. En segundo lugar, identificar cómo la persona llegó a sentirse como un perdedor y tercero, trasladar su atención a lo que pueden hacer para sentise como un ganador, es decir tomar medidas que les ayuden a sentirse mejor y ayudarles a ver que ahora pueden tomar el control y no ser una víctima.

Recuerde, también, que puede utilizar las afirmaciones positivas y las declaraciones cuando se sienta bien, ya que refuerza los sentimientos y creencias, pero es adecuado hacer declaraciones radical, los extremos que inmediatamente se siente como increíbles. Es mejor ir con pequeños pasos.

Ahora vamos a hablar de por qué las afirmaciones no funcionan y qué hacer al respecto.

Una afirmación es la afirmación de que algo existe o es cierto y siempre es indicado como positivo, por ejemplo, en primera persona y en tiempo presente "Yo vivo en una casa." Nunca se dice en sentido negativo "Yo no estoy gorda", o en el futuro "Voy a ser delgada".

El objetivo de una afirmación es afirmar algo que usted desea que sea verdad con la intención de que ocurra en la realidad y de cambiar sus creencias (PADRE CRITICO).

¿Conoce usted a su PADRE CRITICO?

Sí, nuestras creencias (PADRE CRITICO) determinan cómo nos sentimos, nuestros resultados y nuestro disfrute de la vida. En algunos casos, si desafían nuestras creencias, lo sentimos igual que si nos dijeran que somos unas malas personas o que no somos dignos o buenos, porque muchas personas han hecho de sus creencias su identidad, en lugar de hacer su identidad de sus cualidades internas, dones y talentos.

Hay gente que afirma que sus creencias son verdades absolutas "mis creencias acerca de Dios." Sin embargo cuando se les pregunta, ¿cuál era el concepto de Dios que la gente tenía antes de que Jesús apareciera? Quizá no sabrían contestar.

La gente puede sentirse mal si alguien cuestiona sus creencias acerca de su ideología política, ¿eso le hace inferior por no creer las mismas cosas? Muchas personas erróneamente creen que cuando alguien no está de acuerdo con sus creencias lo están desafiando, de hecho piensan que lo invalida, que lo intentan aplastar. Eso es falso, a menos que permita creer que es así, entonces se sentirá así.

¿Te acuerdas de cuando eras un niño y usted pensó que besar a un niño o una niña era asqueroso? ¿Recuerdas un momento en que consideraba que la prenda de ropa o peinado era lo más estupendo en la tierra y ahora se siente avergonzado de pensar que alguna vez usó esa ropa o el peinado?

Las creencias afectan a nuestros sentimientos, como se ha dicho arriba. Así construimos nuestras creencias de diversas formas:

1. A partir de una experiencia muy intensa emocional o evento. Por ejemplo de pequeño estuve a punto de ahogarme y de mayor mi creencia es que el mar es peligroso y me da miedo acercarme a él.
2. Por repetición. Si sus padres siempre le dijeron que no servía para nada y que no tenía ningún valor, entonces termina creyendo que es así. La mera repetición constante de esas palabras no pasa por la mente consciente y se acepta como verdad por el subconsciente. En consecuencia, como un adulto, usted todavía cree que no vale nada. Se siente inútil.

En la mente del niño las repeticiones de las afirmaciones sobre el calaron profundamente porque no contaba con un ADULTO informado para poder elegir. Además de la fuerte influencia de las figuras parentales en las emociones del niño (NIÑO). Esto no ocurre cuando nos hacemos adultos, no tenemos esa permeabilidad.
Además las afirmaciones no funcionan porque no hay repetición suficiente y estarán en constante batalla con las creencias que están más arraigadas y más extendidas.

Por ejemplo, se podría afirmar cien veces por la mañana y cien veces en la noche que "yo soy una buena persona", pero ¿sabía usted que usted tiene 65.000 pensamientos al día - la mayoría de ellos pensamientos inconscientes? ¿Cuántos de los 65.000 pensamientos apoyan su afirmación de que usted es una persona buena? ¿Cuántos de esos pensamientos lo contrario - "Yo soy estúpida ... vago ... gordo ... feo ... malo, etc"?

El problema aquí es que las afirmaciones no tienen en cuenta las más profundas creencias y sentimientos.

¿Cómo te sientes cuando afirma "Yo soy una buena persona" o "voy a ganar miles de euros"?

Así pues, se recomienda trabajar las creencias no saludables, no vida, es la clave para comenzar a sentirnos mejor. Y eso será en otro post.

Saludos

Taller: Del expendedor pasivo al vendedor activo

martes, 15 de noviembre de 2011

Ensueño y terapia. La imaginación que cura



Francisco Masso , Psicólogo. Director del Gabinete del Psicología y Análisis Transaccional. Profesor del Máster de Análisis y Conducción de Grupos de la Universidad de Barcelona. Autor de varios libros. Madrid. Acaba de publicar su último libro. Seguro que tan interesante como sus anteriores obras.

ISBN 978-84-9842-7677 17x24 cm. Págs. 192

Este libro, además de contener un banco de 26 ensueños, presenta una experiencia real de su empleo como medio didáctico. Robert Desoille descubrió un nuevo registro de la imaginación: comprobó que puede ser un instrumento que cura, un medio al servicio de la salud mental. Los ensueños de ascenso y descenso favorecen que la persona se reconcilie con su poder. Ésta es condición previa a toda curación. Después, la persona es capaz de revisar los hábitos que le acarrean sufrimiento y movilizar su impulso para afrontar los retos que tiene planteados. En cualquier otro momento, el ensueño es aplicable cuando la persona desee, o necesite, contactar con su niño interior, el tesoro personal, la parte sensitiva, emocional, lúdica y poderosa que habita en cada ser humano desde su nacimiento hasta su muerte. Cuidar este recurso ha de ser una labor ordinaria de respeto a la persona que somos y queremos ser.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Video ciclo de la violencia psíquica y física doméstica

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Cosas que aprender en la vida

1. La vida no es justa, pero aún así es buena.
2. Cuando entres en la duda, sólo toma el siguiente pequeño paso.
3. La vida es demasiado corta como para desperdiciar el tiempo odiando a alguien.
4. Tu trabajo no se ocupará de ti cuando estés enfermo. Si lo harán tus amigos y tus padres. Mantente en contacto.
5. Paga tus deudas.
6. No tienes que ganar cada discusión. Puedes estar de acuerdo o en desacuerdo.
7. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.
8. Está bien si te enojas con Dios. Él lo puede soportar.
9. Ahorrar para la vejez.
10. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.
11. Hacer las paces con tu pasado para que no arruine el presente.
12. Está bien permitir que tus hijos te vean llorar.
13. No compares tu vida con otros. No tienes idea de lo hay en su viaje.
14. Si una relación tiene que ser secreta, no debes estar en ella.
15. Todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
16. Toma una respiración profunda. Esto calma la mente.
17. Deshazte de todo lo que no es útil, hermoso o gozoso.
18. Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte.
19. Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz. Pero la segunda depende de ti y de nadie más.
20. Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un no por respuesta.
21. Enciende las velitas, utiliza sábanas bonitas, ponte la lencería sexy. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es el día es especial.
22. Prepárate bien, y luego prodrás ir con la corriente.
23. Se excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para usar el morado.
24. El órgano sexual más importante es el cerebro.
25. Nadie está a cargo de tu felicidad excepto tú.
26. Etiqueta cada uno de tus desastres con estas palabras: "En cinco años, ¿esto importará?"
27. Siempre escoge la vida.
28. Perdónales todo a todos.
29. Lo que otros piensan de ti no es de su problema.
30. El tiempo lo cura casi todo. Dale tiempo al tiempo.
31. Por más buena o mala sea la situación, también va a cambiar.
32. No te tomes tan en serio la vida. Nadie más lo hace.
33. Cree en los milagros.
34. Amate por quien eres, no por lo que hayas hecho o dejado de hacer.
35. Vive el aquí y el ahora.
36. Llegar a viejo es mejor que la alternativa que morir joven.
37. Tus hijos sólo tienen una niñez.
38. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado.
39. Sal a la calle todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.
41. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú  ya tienes todo lo que necesitas.
42. Lo mejor está aún por venir.
43. No importa cómo te sientas, levántate, vístete y preséntate.
44. Rinde en tus tareas.
45. La vida no está envuelta con un lazo, pero sigue siendo un regalo. "

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Posición existencial del maltratador

El maltratador parte de una posición depresiva: Yo estoy mal- Tú estás bien.  La futura victima probablemente tiene una posición Yo estoy bien-Tú estás bien o realista (+-/+-), que durante un tiempo (el principio de la relación) proyecta en el potencial maltratador y hace que éste se sienta  en una posición positiva (+/+) de ahí  que las victimas relaten que cuando lo conocieron era el hombre más maravilloso del mundo que las adoraban y amaban de una forma especial y sublime.

Entiendo  que el futuro maltratador ve en su pareja, en el inicio, la fuente que saciará su sed de autoestima y su fuente de seguridad. La princesa que le hará sentir el Rey definitivamente, lo que siempre ha merecido y nunca ha podido sentir "por culpa de los demás". (Voy a intentar dar una visión desde el pequeño Rousseau en el maltratador y evitaré contemplar el impulso sádico que se observa en muchos maltratadores)

Esta nueva posición durará poco, el “maltratador” volverá rápidamente a su posición básica y desde allí empezará a sufrir su ya conocida y detestada baja  autoestima,  que ahora será más odiada porque supone perder las esperanzas de ser redimido por el amor de ella.

En estos primeros tiempos de frustración por volver a su posición básica, el futuro maltratador comienza  el  proceso de destrucción de ”su amada”, quizá con la vana esperanza  de conseguir que ella baje a su misma posición, intentado evitar ser abandonado si ella descubre “quien es él realmente”. El cree que sólo si ella se siente tan impotente, miserable y vana como él podrá permanecer a su lado. Y empieza  en este momento la solución más estimulante para el maltratador, la que le llevará a sentirse seguro y amado, su éxito. Y comenzará paralelamente el calvario para la víctima, que será muy duro y  mucho más duro, cuanto ella más se resista a la destrucción moral y emocional que le viene encima.

Como la victima parte del una posición inicial (+/+) tarda en reconocer el cambio de posición de su pareja, sobre todo porque el maltratador ocultará sus sentimientos reales y no los comunicará.

La danza comenzará sin que la victima sepa la música que suena ni conozca los pasos del baile.  Esta música y estos pasos sólo son conocidos por el maltratador que los actuará con gran maestría.

Las condiciones para el baile serán bien simples, solo será necesaria la privacidad, el baile se bailará a solas. Evitará testigos que puedan intervenir en contra de sus propósitos y a favor de la cordura de la víctima. Cada maltratador tendrá sus figuras favoritas, pero posiblemente todas tienen el mismo paso básico: provocar la confusión en la victima, su desconcierto.

Esto se puede conseguir de muchas maneras: burdas y/o sutiles. Conozco a victimas que relatan que su pareja las llevaba a cenar o a comer a un restaurante, ellas entendían que era un gesto de amor y de distensión para la pareja. En algún momento de la comida, cuando ella estaba relajada y entusiasmada disfrutando del momento, él podía hacer un cambio repentino. Quedarse mudo y negarse a hablar durante toda la comida.  O hacerlo más complejo, quedarse mudo y sin hablar  y esperar a que ella le pregunte sobre qué le ocurre, para responder tajante y acusadoramete: ¿a mi nada y a ti?  Ya imaginaréis que ella se va a quedar toda la tarde pensando qué ocurre, a quién le ocurre y porqué ocurre (primera figura hacia la confusión). Otra de las variables de este paso básico, más burda pero más efectiva, es que durante la comida empieza a decir incongruencias agresivas hacia ella, sin venir a cuento, sin motivo. Ella guardando la calma por estar en un lugar público no confrontará ni se defenderá  hasta  estar en privado y al salir, una vez en el coche o ya en casa, al confrontar, él negará recordar que ha dicho lo que ella dice que él ha dicho, todo ello con una actitud totalmente relajada y tranquila. La que ya no está ni relajada ni tranquila como podéis imaginar es la víctima, que a estas alturas quizá ya se está preguntando si es que ella había tomado un par de vinos de más y no ha escuchado bien o ha malinterpretado.

Estas figuras de baile pueden y suelen ir acompañadas también por castigos al Niño de la víctima. Cuando ella está bien o contenta, él buscará la forma de estropearle la emoción. Si tiene alguna amiga que le ayuda a sentirse mejor, él se encargará de que esto le salga caro emocionalmente de una manera u otra. La descalificación del entorno querido de la victima será una constante, sobre todo del entorno que pueda tener alguna influencia positiva sobre la víctima.

A todo esto, os preguntaréis ¿y qué hace la victima aguantando esto? Pues es fácil si te pones en su piel, ella (o él, en este caso hablo de una mujer, pero lo mismo podría ser un hombre la víctima) todavía piensa que la pareja, que hace unos días o meses se desvivía por ella y le declaraba amor eterno,  no puede ser capaz de hacer esto de manera premeditada, no puede desear hacerle daño. Esto no le cabe en la cabeza y quizá,  aunque se lo pudieras decir en ese momento, prefiere pensar que existe alguna razón que ella puede descubrir y solucionar (Todavía cree que ella está bien, aunque a veces esté confundida).

Así pues, ella empieza a investigar, a pedir explicaciones, sabe que hay un problema pero no sabe cuál es y espera que él finalmente se lo descubra  para poder solucionarlo juntos. Vana esperanza. Ella ya no va a dejar de pensar en este problema. Ya no le importan las cosas que antes le importaban, ni sus proyectos, ni sus necesidades, ni lo que ella siente, ahora sólo está pendiente de descifrar qué está ocurriendo. La paranoia y la ansiedad se instalan en su vida.

Él la acusará de histérica, de loca, de neurótica, de malpensada, de estar mal, de poner problemas sobre la mesa, de estar cansado de sus tonterías, etc.

Si, diréis, ella entonces lo enviará a tomar viento a la farola. Pues sí, efectivamente, así es. Con mucho dolor y con mucho enfado, ella finalmente le dice que esto se ha acabado, que no desea seguir con la relación. Pero entonces él (después de constatar que realmente es un límite firme que ella está poniendo, después de hacerle ciertas figuras y pasos básicos de su baile para comprobarlo) se derrumbará, le dirá lo importante que es esa relación para él, que ella es la persona más importante en su vida y que nunca habrá nadie como ella, qué está dispuesto a ponerse a los pies de los caballos para que ella le dé la oportunidad, de nuevo, de construir esa relación que los dos desean y necesitan…..

Si ella, a pesar de eso, intenta poner luz a ciertos episodios que él ha descontado o negado en el pasado y lo hace con firmeza, es posible, seguro diría yo, que él asuma la responsabilidad (ella necesita oír eso y él lo sabe, ella ya no sabe por si misma si está cuerda o no, necesita que el se lo diga) pero él asumirá que está siendo víctima del estrés, de los bancos, de su madre que le miraba mal de pequeño, enfin…  cualquier cosa que a ella sirva y le frene la salida. Porque qué persona puede abandonar a su amado cuando este ha explicado que su comportamiento extraño o violento sólo obedecía a la presión de esas terribles experiencias. Si no es ella el problema, ni la relación, son esas cosas que le pasan a él!!!! Por un momento ella recupera su posición Yo estoy bien aunque ahora lo tenga a él en el Tú estás mal. Esto para ella es bastante, un alivio. Momentáneo, claro. Que sólo le lleva a hundirse más en la trampa y a adoptar el rol de Salvador para seguir de complementaria y cómplice de su propia destrucción.

Quizá ella agradecida porque por primera vez él ha reconocido que algo ocurre y que además ha aceptado que “tiene problemas”,  le ofrezca su mano y su apoyo incondicional para superarlos, eso si, le pedirá que cambie ciertos comportamientos con ella. Él le jurará que si,  que todo va a ser maravilloso. Ella por poco tiempo pensará que todos los esfuerzos y el sufrimiento pasados han sido útiles porque ha conseguido resolver “su confusión” y ayudarle a él en el suyo. Toma exitazo!! (Todavía no sabe que la única que tiene problemas reales es ella y que está firmando nuevos pedidos mucho más caros y dolorosos).

Ya no me extiendo más a no ser que me preguntéis. Pero imagino que sabéis como termina todo esto.
Para los que no lo imagináis: él termina en la posición Yo estoy bien-Tú estás mal. Y ella en la Yo estoy mal-Tú estás mal.

La victima ha dejado su salud física y psicológica complementando al maltratador. Si tiene suerte, podrá escapar y buscar tratamiento y ayuda para recuperar su autoestima, si no la tiene puede acabar muerta psíquica o físicamente.


sábado, 5 de noviembre de 2011

DINÁMICA DEL SÍNDROME DE MALTRATO A LA MUJER.

    El síndrome de maltrato a la mujer tiene tres fases que se repiten de forma continuada en la mayoría de las ocasiones, aunque no son de obligada aparición en todas ellas, lo cual dependerá de las circunstancias.


 1.- Fase de TENSIÓN CRECIENTE.

    La relación pone de manifiesto la agresividad latente  frente a la mujer, que en algunos casos se manifiesta de forma específica como determinadas conductas de agresión verbal o física de carácter leve y aisladas.
    La mujer va adoptando una serie de medidas para manejar dicho ambiente y adquiriendo mecanismos de defensa psicológicos. No obstante esta situación va progresando, aumentando la tensión paulatinamente.

 2.- Fase de AGRESIÓN AGUDA.

    Se caracteriza por una descarga incontrolada de las tensiones que se han ido construyendo durante la primera fase. La falta de control y su mayor capacidad lesiva distingue a este episodio de los pequeños incidentes agresivos ocurridos durante la primera fase.
    Esta fase del ciclo es más breve que la primera y tercera fase. Las consecuencias más importantes se producen en este momento tanto en el plano físico como en el psíquico, donde continúan instaurándose un serie de alteraciones psicológicas por la situación vivida.
    La mayoría de las mujeres no buscan ayuda inmediatamente después del ataque, a menos que hayan sufrido importantes lesiones que requieran asistencia médica inmediata. La reacción más frecuente es permanecer aisladas durante las primeras 24 horas tras la agresión, aunque pueden transcurrir varios días antes de buscar ayuda o ir al médico, lo cual hace que no siempre acudan a urgencias, sino que en muchas ocasiones lo hacen a consultas ordinarias, quizá para tratar de restar importancia y para evitar que identifiquen la agresión. Esta actitud se ha denominado síndrome del paso a la acción retardado.

 3.- Fase de AMABILIDAD y AFECTO.

    Se caracteriza por una situación de extrema amabilidad, amor y conductas cariñosas por parte del agresor, gráficamente se le denomina como fase de "luna de miel". Es una fase bien recibida por ambas partes y donde se produce la victimización completa de la mujer, ya que actúa como refuerzo positivo para el mantenimiento de la relación.
    El  agresor muestra su arrepentimiento y realiza promesas de no volver a llevar a cabo algo similar. Realmente piensa que va a ser capaz de controlarse y que debido a la lección que le ha dado a la mujer, nunca volverá a comportarse de manera que sea necesario agredirla de nuevo.
    Durante esta fase el agresor trata de actuar sobre familiares y amigos para que convenzan a la víctima de que le perdone. Todos ellos de forma más o menos inconsciente hacen que la mujer se sienta culpable en cierto modo y que a pesar de reconocer que la agresión ha sido un acto del marido criticable, sería ella la responsable de las consecuencias de dicha agresión al romper el matrimonio y la familia si no lo perdona. Suele ser frecuente tratar de hacerle ver que el marido necesita ayuda y que no puede abandonarlo en dicha situación.
    El tiempo de duración de esta fase es muy variable, aunque lo habitual es que sea inferior al de la primera fase y más largo que el de la segunda.
    Creemos que con el conocimiento de las circunstancias en las que se produce la agresión a la mujer en general y el maltrato en particular, podremos enfocar el estudio médico-forense de los diferentes elementos (víctima, agresor y contexto) de forma más específica en relación a los hechos y, sobre todo, ayudaremos a la correcta solución de los casos denunciados, lo cual servirá para aumentar la confianza en el sistema y a que muchas mujeres se decidan a denunciar su situación.  De este modo se irán produciendo los necesarios cambios en la sociedad para que este tipo de violencia vaya desapareciendo.

También se ha descrito de esta manera:


El ciclo de la violencia en el abuso doméstico





El abuso doméstico cae en un patrón común, también llamado el ciclo de la violencia:

Abuso - El abusador ataca con agresividad, menosprecio, o violentas. El abuso es un juego de poder diseñado para mostrar "quién es el jefe."

La culpa - Después de abusar de usted, su pareja se siente culpable, pero no sobre lo que ha hecho. Él está más preocupado por la posibilidad de ser descubiertos y tener que enfrentar las consecuencias de su conducta abusiva.

Excusas - Su abusador racionaliza lo que él o ella ha hecho. La persona puede llegar a una serie de excusas, cualquier cosa para evitar asumir la responsabilidad.

Comportamiento "normal" - El abusador hace todo lo posible para recuperar el control y mantener a la víctima en la relación. Él puede actuar como si nada hubiera pasado, o puede a su vez mostrarse encantador. Esta fase de luna de miel tranquila puede dar la esperanza de la víctima que el agresor ha cambiado esta vez.

La fantasía y la planificación - Su abusador comienza a fantasear acerca de abusar de ti otra vez. Él pasa mucho tiempo pensando en lo que has hecho mal y cómo te lo va a hacer pagar. Luego se hace un plan para convertir la fantasía de abuso en la realidad.

Acción - Su agresor pone su plan en marcha, creando una situación en la que puede justificar abusar de usted.

Las disculpas de su agresor y los gestos de amor entre los episodios de abuso puede hacer que sea difícil salir. Puede hacerte creer que eres la única persona que puede ayudarle, que las cosas serán diferentes esta vez, y que él te quiere de verdad. Sin embargo, el peligro de quedarse es muy real.





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Perfil psicológico del maltratado/a
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El proceso de lavado cerebral
Características comunes de los maltratadores
Cambio de chip para salir del maltrato
Sindrome de la mujer maltratada
Dinámica del maltrato

Si crees que tienes una relación con un psicópata o has pasado por la experiencia, te recomiendo la página del Dr. Marietan

Sindrome de la mujer maltratada

En el caso de la agresión a la mujer el análisis demuestra que en el componente instrumental no existe un objetivo concreto ni delimitado, existiendo una gran desproporción entre la conducta en sí y el resultado respecto a los motivos que la desencadenan o a los objetivos que pretenden conseguir, que finalmente demuestran que sólo pretenden mantener la posición de superioridad el hombre y al subordinación de la mujer.

Quizá no sea el momento de profundizar sobre aspectos más propios de la sociología y de la antropología, a pesar de que tengan una influencia directa sobre la persona y sus comportamientos, pero sí cabe recordar que los diversos estudios han demostrado como elementos incluidos en cada unos de estos grupos actúan favoreciendo la agresión a la mujer.

Tal y como destaca Elena LARRAURI (1994) (2) se ejerce un control INFORMAL por medio de las normas sociales y definido como "todas aquellas respuestas de que suscitan determinados comportamientos que vulneran las normas sociales que no cumplen las expectativas de comportamiento asociadas a un determinado género o rol". Este control existe en toda la sociedad ( control doméstico, médico, mundo laboral, control público difuso -"este no es sitio o no son horas para una mujer"-). Pero también existe un control FORMAL representado por el propio derecho penal, donde la autora encuentra un tratamiento distinto de la mujer, en la propia norma o en las posibilidades de su aplicación.

Estas circunstancias nos han permitido definir el SÍNDROME DE AGRESIÓN A LA MUJER (SAM) (LORENTE, 1998) (3) como "AGRESIONES SUFRIDAS POR LA MUJER COMO CONSECUENCIA DE LOS CONDICIONANTES SOCIOCULTURALES QUE ACTÚAN SOBRE EL GÉNERO MASCULINO Y FEMENINO, SITUÁNDOLA EN UNA POSICIÓN DE SUBORDINACIÓN AL HOMBRE, Y MANIFESTADAS EN LOS TRES ÁMBITOS BÁSICOS DE RELACIÓN DE LA PERSONA: MALTRATO EN EL MEDIO FAMILIAR, AGRESIÓN SEXUAL EN LA VIDA EN SOCIEDAD Y ACOSO EN EL MEDIO LABORAL".

    El síndrome queda definido como un hecho general caracterizado por la realización de una serie de conductas agresivas hacia la mujer en las que la violencia se desarrolla bajo unas especiales circunstancias, persiguiendo unos determinados objetivos y motivado por una serie de factores comunes.

Por todo lo anterior consideramos el Síndrome de Maltrato a la Mujer (LORENTE,1998) (3) como el "CONJUNTO DE LESIONES FÍSICAS Y PSÍQUICAS RESULTANTES DE LAS AGRESIONES REPETIDAS LLEVADAS A CABO POR EL HOMBRE SOBRE SU CONYUGUE, O MUJER A LA QUE ESTUVIESE O HAYA ESTADO UNIDO POR ANÁLOGAS RELACIONES DE AFECTIVIDAD".
   
El síndrome de maltrato a la mujer (SIMAM) viene definido, pues, por un cuadro lesional resultante de la interacción de los tres elementos que intervienen en las lesiones: el agresor, la víctima y las circunstancias del momento o contexto. Ello quiere decir que no toda lesión producida a una mujer debe considerarse como un síndrome de maltrato, sino que deben existir una serie de características que estudiaremos a continuación.

AGRESOR

    El agresor es alguien que mantiene o ha mantenido una relación afectiva de pareja con la víctima.
    La primera gran característica de los autores de estos hechos es que no existe ningún dato específico ni típico en la personalidad de los agresores. Se trata de un grupo heterogéneo en el que no existe un tipo único, apareciendo como elemento común el hecho de mantener o haber mantenido una relación sentimental con la víctima.
    Los estudios realizados en este sentido se han dirigido en diferentes direcciones y han puesto de manifiesto algunas características generales. Entre ellas destaca el hecho de que el factor de riesgo más importante es haber sido testigo o víctima de violencia por parte de los padres durante la infancia o adolescencia, y que entre las razones y motivaciones existentes en este tipo de hechos están la necesidad de control o de dominar a la mujer, sentimientos de poder frente a la mujer y la consideración de la independencia de la mujer como una pérdida de control del hombre. Con frecuencia los hombres atribuyen las  agresiones hacia sus parejas al hecho de no haber desempeñado correctamente sus obligaciones de buenas esposas.  HOATLING (1989) (4) encontró entre las respuesta de los agresores que el propósito primario de la violencia era "intimidar", "atemorizar" o "forzar a la otra persona a hacer algo". De este modo, como SONKIN y DUNPHY (1982) (5) observaron, muchos hombres maltratan simplemente porque funciona como medio de obtener sus objetivos, lo cual supone una crítica al argumento emocional o situacional que escapa al control del agresor, también  actúa como una salida segura para la frustración que pueda tener, tanto si esta proviene de dentro del hogar como si lo hace de fuera. La gratificación obtenida al establecer el control por medio de la violencia también puede reforzar a los agresores y hacerlos persistir en esta actitud. Por lo tanto, como resumen, podemos establecer que la gratificación por el uso de la violencia frente  a sus parejas (esposas o novias) puede ser debida a:

 1.-Liberación de la rabia en respuesta a la percepción de un ataque a la posición de cabeza de familia o de déficit de poder.
 2.-Neutralización temporal de los intereses sobre dependencia o vulnerabilidad.
 3.-Mantenimiento de la dominancia sobre la compañera o sobre la situación.
4.- Alcanzar la posición social positiva que tal dominación le permite.
     
No se han encontrado diferencias significativas en relación a la edad, nivel social, educación, ... Sí se ha hallado una mayor incidencia de conductas antisociales en estos hombres, pero sin que se haya determinado de forma consistente un patrón psicopatológico en los individuos que agreden a su pareja.
    A pesar de estos resultados, generalmente basados en muestras relacionadas con episodios de maltrato en el medio familiar, debemos tener en cuenta que la mayoría de estos agresores no se encuentran envueltos o relacionados en hechos criminales o disturbios públicos. Estos casos caracterizados por una gran violencia al ser más conocidos y llamativos producen una especie de efecto umbral sobre la sociedad que identifica el maltrato con ellos minimizando los restantes.
    
Como hemos visto no existe, pues, una característica clara en la personalidad de los agresores estudiados, haciendo hincapié en la heterogeneidad de este grupo de individuos. Esto ha hecho que se estudien algunos factores o circunstancias que han favorecido la adopción de esa peculiar forma de conducta violenta.
   
  Las características del agresor son los elementos que más condicionan al síndrome. A pesar de que en la mayoría de los casos el agresor es una persona "normal" que no se puede encuadrar dentro del grupo de las psicopatías o trastornos de la personalidad ni como enfermo mental, es importante conocer que en algunos casos el agresor puede padecer algún tipo de trastorno o patología mental, aunque sería una mínima proporción del total de los casos y bajo ningún supuesto puede interpretarse como un justificante, ya que no existe ninguna enfermedad que justifique la agresión a la mujer de forma específica.  Nos referimos al grupo que hemos denominado como "agresor patológico".
  
  Las alteraciones que pueden suponer una agresividad más acentuada se pueden encuadrar en los siguientes grupos: Trastornos de la personalidad (trastornos de la personalidad   paranoide, antisocial, límite y  pasivo-agresivo) y enfermedades mentales (enfermedades orgánicas -traumatismos craneoencefálicos, epilepsia,...-, psicosis funcionales -esquizofrenia, psicosis paranoide, psicosis maniaco-depresiva-,...)

    Un grupo aparte por la frecuencia con la que aparece y por los razonamientos que se hacen alrededor del mismo son el del ALCOHOL y las SUSTANCIAS TOXICAS. En estos casos hay que diferenciar entre la relación de la agresividad y la personalidad del consumidor, que podría llevarnos a cualquiera de los otros grupos de agresores, y la acción directa de las sustancias tóxicas sobre la personalidad. Muchos autores consideran el consumo de sustancias tóxicas como un suicidio crónico y, por tanto, como una forma de autoagresividad. También se ha comprobado como la mayoría de estas sustancias conducen a un estado de intoxicación en el que la heteroagresividad está aumentada, no sólo por la acción sobre la fisiología del organismo, sino también por los factores ambientales en los que se desenvuelven estos individuos. En general la agresividad viene condicionada fundamentalmente por la desinhibición que producen estas sustancias y por el contexto, por lo que el grado de agresividad puede ser muy variable, dependiendo de la participación de cada uno de los componentes.

    En todos estos casos debe llegarse a la conclusión de AGRESIVIDAD PATOLÓGICA por medio del diagnóstico del proceso o enfermedad en la que se enraíza y de la que surge la conducta violenta, sin que esta justifique la anormalidad clínica del sujeto, y siempre considerando que pueden existir características de diferentes tipos de agresores en un mismo individuo.

    Desde el punto de vista clínico resulta importante llegar a un diagnóstico del agresor patológico desde un primer momento para iniciar las medidas oportunas y evitar nuevos episodios de agresión, que en algunos casos pueden traer fatales consecuencias por partir de enfermos mentales sin los recursos psicológicos suficientes para poder inhibir sus acciones.

VICTIMA.

    En este tipo de hechos la víctima presenta una serie de características que hacen pensar a priori que gran parte de la situación viene condicionada por ella.
    Los primeros estudios centrados sobre la víctima, partiendo de la base de que la conducta es el reflejo de la interacción de la persona con una situación, llevaron a dicha conclusión, pensando que determinadas características de algunas mujeres hacían que tuvieran una mayor probabilidad de ser maltratadas. Estos trabajos se basaron en el estudio de mujeres que habían sido agredidas, las cuales presentaban una serie de síntomas que fueron considerados como causa de la violencia frente a ellas (SCHULTZ, 1960 (6); KLECKNER, 1978 (7); SYMONDS, 1979 (8); WALKER, 1979 (9)).

Estudios posteriores demostraron que los trabajos anteriores fallaban en el análisis de la interacción entre las personas y la situación, confundiendo la etiología con las consecuencias del trauma, quedando por tanto desacreditados. Analizando tres grupos de mujeres, por un lado víctimas de malos tratos que no han adoptado ninguna conducta para acabar con la situación hasta fases avanzadas, por otro mujeres que han adoptado una actitud más activa en contra de la agresión y finalmente otro grupo formado por mujeres que no han sido víctimas de dicha agresión, se llegó a la conclusión de que no existen diferencias en las características de la personalidad entre los tres grupos (KOSS, 1991) (10). Si se encontró (KOSS y DINERO, 1989) (11) un "perfil de riesgo", en las que el riesgo de ser maltratadas era dos veces más elevado que en el resto, pero sólo afectaba al 10% de las mujeres. El principal factor de riesgo eran los ANTECEDENTES DE ABUSO SEXUAL DURANTE LA INFANCIA y las consecuencias reflejadas como alteraciones de conducta derivadas de los mismos. Este hecho, por lo tanto, caracteriza a ambos, al agresor y a la víctima.

  Tampoco se encontraron en las víctimas relaciones consistentes con los ingresos económicos, nivel de educación, ser o no ama de casa, pasividad, hostilidad, integración de la personalidad, auto-estima, ingesta de alcohol o emplear violencia con los niños. Del mismo modo, no se hallaron evidencias en relación al estatus que la mujer ocupa, al trabajo que desempeña, a las conductas que realiza, a su perfil demográfico o a las características de su personalidad. Ninguno de estos factores influyen de forma significativa en las posibilidades de que sufran una agresión en su vida familiar.

    Por el contrario, las características del hombre con el que la mujer mantiene la relación actúan como marcadores más apropiados para conocer el riesgo de que una mujer llegue a ser víctima de la agresión de su pareja. Esta situación hizo afirmar a HOTALING y SUGARMAN (4) que "el precipitante más influyente para la víctima es ser mujer. La victimización de las mujeres puede ser mejor comprendida como la realización de una conducta masculina".

    La explicación del porqué se llega a producir una victimización tras los abusos en la infancia ha sido aportada por diferentes estudios clínicos, apuntando que el hecho de abusar sexualmente de un niño va asociado con un mayor riesgo de revictimización en fases más avanzadas de su vida por diferentes tipos de agresores, incluyendo a sus parejas. Los clínicos han especulado que puede ser debido a una ausencia de oportunidad para desarrollar mecanismos de protección adecuados combinado con otros efectos postraumáticos, tales como la dificultad de análisis de la situación o de las personas en relación al peligro, el fatalismo relacionado a la depresión o la sensación de incapacidad y desamparo. También puede deberse a respuestas alteradas por la amenaza de peligro, que van desde la negación y aturdimiento psíquico hasta la disociación (HERMAN,1992) (12).

   Quedan, pues, desacreditadas las teorías que argumentaban que la causa del maltrato era el "masoquismo de la mujer" basadas en que la mayoría de las víctimas expresan amor por sus agresores.  

CONTEXTO SOCIO-CULTURAL.

    Las características de las normas culturales y el papel del género en la conducta sobre el tipo de hechos que estamos analizando podemos resumirlos en los siguientes puntos:

 -  La violencia funciona como un mecanismo de control social de la mujer y sirve para reproducir y mantener el status quo de la dominación masculina. De hecho las sociedades o grupos dominados por las ideas "masculinas" tienen mayor incidencia de agresiones a la mujer. Los mandatos culturales, y a menudo también los legales, sobre los derechos  y privilegios del papel del marido  han legitimado históricamente un poder y dominación de este sobre la mujer, promoviendo su dependencia económica de él y garantizándole a este el uso de la violencia y de las amenazas para controlarla.

   -  La conducta violenta frente a la mujer se produce como patrones de conducta aprendidos y transmitidos de generación a generación. La transmisión se hace fundamentalmente en los ambientes habituales de relación.
   -  Las mismas normas sociales minimizan el daño producido y justifican la actuación violenta del marido. Se intenta explicar atribuyéndola a trastornos del marido o, incluso, de la mujer. Por mucho que el hombre tenga problemas de estrés, de alcohol, de personalidad, curiosamente la violencia sólo la ejerce sobre la mujer, no contra un conocido o amigo, y, por supuesto, nunca contra su jefe. También influyen toda la serie de mitos antes recogidos que perpetúan la violencia y niegan la asistencia adecuada a estas víctimas.
   - El modelo de conducta sexual condicionado por el papel de los géneros también favorece en algunos casos la existencia de una actitud violenta contra la mujer al tratarse de un modelo androcéntrico. Existen una serie de factores que favorecen esta agresividad, entre los que se encuentran:  Los patrones de hipermasculinidad, el inicio de un mayor grado de relación sentimental, la duración prolongada de la relación y los modelos sexuales existentes, que contienen una tensión intrínseca entre hombres y mujeres, creando la posibilidad o las condiciones para que se produzcan errores en la comunicación que desemboquen en una situación de violencia frente a la mujer.
   -  Por el contrario, el alcohol, tantas veces esgrimido como causante o precipitante del maltrato, ha sido eliminado como un factor etiológico directo de este tipo de violencia. Se ha comprobado que actúa de forma general como desinhibidor y de forma particular como excusa para el agresor y como elemento para justificar la conducta de este por parte de la víctima.

 LESIONES FÍSICAS

    Las lesiones producidas en los casos de agresiones por parte del hombre abarcan toda la tipología lesional de la traumatología forense, desde simples contusiones y erosiones, hasta heridas por diversos tipos de armas. Del mismo modo, las regiones anatómicas que se pueden afectar cubren todas las posibilidades, así como las distintas estructuras orgánicas (piel, mucosas, huesos, vísceras, ...). No obstante, el cuadro lesional mas frecuente suele estar conformado por excoriaciones, contusiones y heridas superficiales en la cabeza, cara, cuello, pechos y abdomen.
    El cuadro típico en el momento del reconocimiento viene determinado por múltiples y diferentes tipos de lesiones con combinación de lesiones antiguas y recientes, así como referencias vagas de molestias y dolores cuya naturaleza no se corresponde con lo referido por la mujer en el motivo de consulta.
    A diferencia del Síndrome del Niño Maltratado, resulta típico de este cuadro, la presencia de lesiones de defensa, la inexistencia de lesiones que indiquen extrema pasividad de la víctima (quemaduras múltiples por cigarrillos, pinchazos leves repetidos sobre una misma zona, ...), así como la localización de gran parte de las lesiones (o las más intensas) en zonas no visibles una vez que la mujer está vestida. STARK, FLITCRAFT y FRAZIER (1979) (13) encontraron que las víctimas de este tipo de agresiones presentaban una probabilidad 13 veces más alta de tener  lesiones en los pechos, tórax o abdomen que las víctimas de otros accidentes. En este sentido suele ser muy frecuente la expresión de la mujer que manifiesta: "mi marido ha aprendido a agredir: me pega, pero no me señala".
    En un reciente trabajo realizado sobre 9000 mujeres que acudieron a los servicio de urgencias de diez hospitales diferentes MUELLERMAN (1996) (14) encontró como datos significativos que la lesión más típica en las mujeres maltratadas era la rotura del tímpano, y que tienen mayor probabilidad de presentar lesiones en la cabeza, tronco y cuello. Las no maltratadas, por el contrario, suelen sufrir las lesiones con mayor frecuencia en la columna vertebral y extremidades inferiores.
    Las circunstancias de las que depende el cuadro lesional son (BROWNE, 1987) (15): el grado de violencia empleado, la repetición seguida de la agresión y la unión del maltrato a otro tipo de hechos.
    Estos dos últimos factores, la repetición de los hechos y la unión a otras acciones dentro de un incidente, aumentan la capacidad lesiva, ya que conllevan un incremento del grado de violencia y hacen, además, que la víctima sea incapaz de recuperarse para protegerse de la siguiente agresión al encontrarse física y psicológicamente aturdida por la rapidez de los sucesos (PATTERSON, 1982 (16); REID et al, 1981 (17)).
    A pesar de lo anterior muchas de las víctimas se abstienen  de acudir a un hospital, incluso cuando hay lesiones de cierta intensidad debido a la vergüenza, a las amenazas por parte del agresor si busca cualquier tipo de ayuda y al temor a que el hospital comunique al juzgado el origen de sus lesiones y se tomen medidas que puedan afectar a su familia.
    Otro dato significativo es que la mayoría de las mujeres que han sido víctimas de estos hechos y que se deciden a ir al médico como consecuencia de sus lesiones, cada vez que vuelven a acudir lo hacen con lesiones más graves (KOSS et al, 1991) (10).

 LESIONES PSÍQUICAS.

     Los trabajos realizados durante los últimos quince años han demostrado que la sintomatología psíquica encontrada en las víctimas debe ser considerada como una secuela de los ataques sufridos, no como una situación anterior a ellos (MARGOLIN, 1988) (18). Los estudios en dicho sentido se llevaron a cabo  realizando análisis comparativos con la respuesta humana al trauma, existiendo una correlación estrecha entre la sintomatología desarrollada por las víctimas del maltrato y la respuesta a determinadas situaciones estresantes.
    Las lesiones psíquicas pueden ser agudas, tras la agresión, o las denominadas lesiones a largo plazo, aparecidas como consecuencia de la situación mantenida de maltrato.

Lesiones Psiquicas AGUDAS.

    Alexandra SYMONDS propuso en 1979 (8) la denominada "Psicología de los sucesos catastróficos" como un modelo útil con el que analizar las respuestas emocionales y conductuales de las mujeres frente a las que se había dirigido algún tipo de violencia, observando que las reacciones a los traumas ocasionados por sus parejas están muy próximas a las de los supervivientes de diferentes tipos de sucesos traumáticos.
    Al igual que otras víctimas, la primera reacción normalmente consiste en una autoprotección y en tratar de sobrevivir al suceso (KEROUAC y LESCOP, 1986) (19). Suelen aparecer reacciones de shock, negación, confusión, abatimiento, aturdimiento y temor. Durante el ataque, e incluso tras este, la víctima puede ofrecer muy poca o ninguna resistencia para tratar de minimizar las posibles lesiones o para evitar que se produzca una nueva agresión (WALKER, 1979 (9); BROWNE, 1987 (15)).
     Estudios clínicos han comprobado que las víctimas de malos tratos viven sabiendo que en cualquier momento se puede producir una nueva agresión. En respuesta a este peligro potencial, algunas de las mujeres desarrollan una extrema ansiedad, que puede llegar hasta una verdadera situación de pánico. La mayoría de estas mujeres presentan síntomas de incompetencia, sensación de no tener ninguna valía, culpabilidad, vergüenza y temor a la pérdida del control. El diagnóstico clínico que se hizo en la mayor parte de los casos fue el de depresión (HILBERMAN, 1980) (20). El seguimiento de las víctimas ha demostrado como la sintomatología se va modificando y como tras el tercer incidente el componente de shock desciende de forma significativa. BROWNE (15) ha comprobado como estas mujeres a menudo desarrollan habilidades de supervivencia más que de huida o de escape, y se centran en estrategias de mediar o hacer desaparecer la situación de violencia.

    Existen dos condicionamientos fundamentales típicos del SIMAM en relación a las lesiones psíquicas:
   - La repetición de los hechos da lugar a un mayor daño psíquico, tanto por los efectos acumulados de cada agresión, como por la ansiedad mantenida durante el período de latencia hasta el siguiente ataque.
   -  La situación del agresor respecto a la víctima. Desde el punto de vista personal el agresor es alguien a quien ella quiere, alguien a quien se supone que debe creer y alguien de quien, en cierto modo, depende. Desde el punto de vista general las mujeres agredidas mantienen una relación legal, económica, emocional y social con él.
    Todo ello repercute en la percepción y análisis que hace la mujer para encontrar alternativas, viéndose estas posibilidades limitadas y resultando muy difícil la adopción de una decisión. La consecuencia es una reinterpretación de su vida y de sus relaciones interpersonales bajo el patrón de los continuos ataques y del aumento de los niveles de violencia, lo cual hace que la respuesta psicológica al trauma y la realidad del peligro existente condicionen las lesiones a largo plazo.

Lesiones Psicológicas A LARGO PLAZO.

     Las reacciones a largo plazo de las mujeres que han sido agredidas física y psíquicamente por sus parejas incluyen temor, ansiedad, fatiga, alteraciones del sueño y del apetito, pesadillas, reacciones intensas de susto y quejas físicas: molestias y dolores inespecíficos (GOODMAN et al, 1993-a y b) (21) (22). Tras el ataque las mujeres se pueden convertir en dependientes y sugestionables, encontrando muy difícil tomar decisiones o realizar planes a largo plazo. Como un intento de evitar un abatimiento psíquico pueden adoptar expectativas irreales en relación a conseguir una adecuada recuperación, persuadiéndose ellas mismas de que pueden reconstruir en cierto modo la relación y que todo volverá a ser perfecto (WALKER, 1979) (9). Como ocurre en todas las víctimas de la violencia interpersonal, las mujeres agredidas por sus parejas aprenden a sopesar todas las alternativas frente a la percepción de la conducta violenta del agresor. Aunque esta actitud es similar a aquella producida en otros tipos de agresiones o en situaciones de cautividad, los efectos en las víctimas del maltrato están estructurados sobre la base de que el agresor es alguien al que están o han estado estrechamente unidas, y con el que mantienen cierto grado de dependencia (BROWNE, 1991) (23). En dichos casos la percepción de vulnerabilidad, de estar perdida, o de traición pueden aparecer de forma muy marcada (WALKER, 1979) (9).
    El primer gran estudio que se llevó a cabo sobre la respuesta psicológica de mujeres envueltas en relaciones en las que eran maltratadas fue publicado por Lenore WALKER en 1979 (9), recogiendo los efectos potenciales a largo plazo que podían aparecer en las relaciones de pareja en las que el hombre agredía a la mujer. El resultado fue la descripción de una serie de síntomas entre los que destacaban los sentimientos de baja autoestima, depresión, reacciones de stress intensas y sensación de desamparo e impotencia. A estos síntomas unía las manifestaciones de las víctimas refiriendo e insistiendo en la incapacidad para controlar el comportamiento violento de sus agresores. Sin embargo, en contra de lo que se esperaba, estas mujeres presentaban un elevado control interno, quizá porque están muy pendientes de manejar sus propias respuestas al trauma y a las amenazas, al mismo tiempo que se encuentran inmersas en las necesidades de la familia y en otras responsabilidades.
    Otros estudios (ROMERO, 1985) (24) han comparado las reacciones de las mujeres maltratadas con las de los prisioneros de guerra, encontrando tres áreas comunes a ambos tipos de víctimas:
 1.- El abuso psicológico que se produce dentro de un contexto de amenazas de violencia física conduce al temor y debilitación de las víctimas.
 2.- El aislamiento de las víctimas respecto a anteriores fuentes de apoyo (ej. amigos o familia) y a las actividades fuera del ambiente hogareño conllevan a una dependencia al agresor y la aceptación o validación de las acciones del agresor y de sus puntos de vista.
 3.- Existe un refuerzo positivo de forma intermitente ocasionado por el temor y la pérdida personal que refuerza la dependencia emocional de la víctima a su agresor.
 El resultado de la situación descrita y la consecuente reacción psicológica a largo plazo configura el denominado SÍNDROME DE LA MUJER MALTRATADA (SIMUM), el cual hace referencia a las alteraciones psíquicas y  sus consecuencias por la situación de maltrato permanente. Este síndrome no debe confundirse con el Síndrome de Agresión o Maltrato a la mujer, ya que estos se centran en el cuadro lesional y las características de los elementos que lo configuran, siendo el síndrome de la mujer maltratada consecuencia del maltrato a la mujer.
    Estas alteraciones junto con el aislamiento de la mujer que el agresor va consiguiendo respecto a los diferentes puntos de apoyo de la mujer, así como el contexto socio-cultural que minimiza los hechos, justifica o trata de comprender más al agresor que a la víctima, explica, entre otras razones, porqué es tan difícil salir de esta relación para l mujer, o cómo se puede producir reacciones de agresividad de la mujer hacia el agresor.

MECANISMOS DE PRODUCCIÓN.

    La agresión sobre la mujer puede producirse por acción u omisión, al igual que la mayoría de los cuadros lesionales de la traumatología forense.
    La intencionalidad del agresor es producir un daño en la víctima que sirva como argumento a su intención de dominar a la mujer. La forma de llevar a cabo la agresión dependerá de muchos factores, que oscilan entre la propia personalidad del agresor y la oportunidad de realizar determinadas conductas claramente influidas por factores contextuales.
    La posición más o menos consciente del agresor en los hechos, a veces con formas muy particulares de entender la violencia y con la pretensión de unos objetivos concretos, hace que la agresión se produzca en la mayoría de los casos "por acción". Esta conducta ocasiona lesiones físicas de diferente tipo, y lesiones psíquicas. Destacan de forma especial por la aparición combinada de ambos tipos de lesiones las agresiones sexuales ya que su trascendencia y su significado afectan a lo más básico de la personalidad de la víctima.
    Con independencia de las agresiones puntuales, la actitud entre los episodios suele caracterizarse por un maltrato psíquico en forma de insultos en público y en privado, intentos de ridiculizar a la mujer ante otras personas, controlar sus gastos, movimientos y llamadas telefónicas, exigir el cumplimiento de las tareas domésticas, ...
    Pero, por otra parte, más fácilmente desapercibidas, incluso por la propia víctima durante periodos de tiempo prolongados, también se producen lesiones "por omisión". Nos encontramos con carencias afectivas, exponer a la víctima a peligros físicos y no advertirle o ayudarle a evitarlos, sobrecargar y no colaborar en los trabajos domésticos, hacerla pasar por torpe o despistada cambiando voluntariamente objetos y prendas de vestir de lugar, ...
    La utilización combinada de ambos mecanismos, hecho habitual, puede conducir a un daño que la repetición y prolongación en el tiempo, acompañada de modificaciones bruscas y sin motivos del estado de ánimo del agresor, convierten a esta actitud en una conducta sólo comparable con algunas torturas.
    Estas alteraciones junto con el aislamiento al que se ve sometido la mujer, así como el contexto socio-cultural que minimiza la agresión, justifica o trata de comprender más al agresor que a al víctima, explica, entre otras razones que escapan al presenta trabajo, porqué resulta tan difícil para la mujer salir de esta relación y porqué se pueden producir reacciones en la mujer de gran agresividad hacia su agresor habitual.


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