jueves, 2 de junio de 2011

Inteligencia Colectiva


La inteligencia colectiva es una forma de inteligencia que surge de la colaboración y concurso de muchos individuos. Aparece en una amplia variedad de formas de toma de decisiones consensuada en bacterias, animales, seres humanos y computadoras. El estudio de la inteligencia colectiva puede ser considerado propiamente como un subcampo de la Sociología, de las ciencias de la computación y del comportamiento de masas, un campo que estudia el comportamiento colectivo desde el nivel de quarks hasta el nivel de las bacterias, plantas, animales y sociedades humanas. Tal definición surge de los trabajos de Peter Russell (1983), Tom Atlee (1993), Pierre Lévy (1997), Howard Bloom (1995), Francis Heylighen (1995), Douglas Engelbart, Cliff Joslyn, Ron Dembo, Gottfried Mayer-Kress (2003) y otros teóricos. La inteligencia colectiva es mencionada como inteligencia simbiótica por Norman Lloyd Johnson. Mientras que Tom Atlee prefiere enfocarse en la inteligencia colectiva fundamentalmente en humanos y trabaja activamente sobre lo que Howard Bloom llamó "el CI grupal". Atlee percibe que la inteligencia colectiva puede ser fomentada "para superar el 'pensamiento de grupo' y los sesgos cognitivos individuales para permitir a un colectivo cooperar en un proceso mientras alcanza un rendimiento intelectual mejorado".

George Pór definió el fenómeno de la inteligencia colectiva como "la capacidad de las comunidades humanas de evolucionar hacia un orden de una complejidad y armonía mayor, tanto por medio de mecanismos de innovación como de diferenciación e integración, competencia y colaboración."1 Tom Atlee y George Pór sostienen que "la inteligencia colectiva también involucra alcanzar un foco de atención único y un estándar de métrica que provee un umbral apropiado de acción". Su aproximación surge en la metáfora de la comunidad científica.

101 HISTORIAS ZEN

Una taza de té
Nan-in, maestro japonés que vivió en la era Meijí (1868-1912), recibió a un profesor universitario que había acudido a informarse sobre el Zen.
Nan-in sirvió té. Llenó la taza de su visitante y siguió vertiendo.
El profesor se quedó mirando el líquido derramarse, hasta que no pudo contenerse: - Está colmada. ¡Ya no cabe más!
- Como esta taza -dijo Nan-in-, está usted lleno de sus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarle el Zen a menos que vacíe su taza antes?

Si amas, hazlo abiertamente
Veinte monjes y una monja, llamada Eshún, practicaban meditación con cierto maestro del Zen.
Eshún era bonita, aun cunado tenía la cabeza rapada y un vestido sin adorno. Varios monjes se prendaron secretamente de ella. Y uno le escribió una carta de amor, instándola a concederle una cita privada.
Eshún no respondió. Al día siguiente, el maestro daba una disertación al grupo. Cuando terminó, Eshún se puso de pie. Dirigiéndose al que le había escrito, dijo: - Si de verdad me amas tanto, ven y abrázame ahora.

No Puedes robar la luna
Ryôkan, un maestro del Zen, vivía la vida más simple en una chozuela al pie de la montaña. Cierto anochecer, un ladrón entró en la choza, sólo para descubrir que nada había en ella que robar.
Ryôkan volvió entonces y lo sorprendió.
-Tal vez hayas hecho un largo camino para visitarme -dijo al merodeador-, y no debes irte con las manos vacías. Por favor, acepta mis ropas como un presente. El ladrón quedó desconcertado. Tomó las ropas y se fue a hurtadillas.
Ryôkan, desnudo, se sentó contemplando la luna. -Pobre hombre -caviló-. Ojalá pudiera darle esta hermosa luna.

Camino embarrado
Tanzán y Ekidô andaban juntos cierta vez por un camino embarrado. Seguía lloviendo intensamente.
Al llegar a un recodo, vieron a una hermosa joven, con kimono de seda y ceñidor, que no se animaba a intentar el cruce.
-Vamos, niña -dijo Tanzán al punto y, levantándola, la llevó en brazos a través del lodo.
Ekidô guardó silencio hasta la noche, cuando llegaron a un templo en que alojarse. Entonces ya no pudo contenerse:
-Los monjes -dijo a Tanzán- no nos acercamos a las mujeres, sobre todo si jóvenes y agraciadas. Es peligroso ¿Por qué has hecho eso?
-Yo he dejado allá a la muchacha -repuso Tanzán-. ¿Tú todavía la traes contigo?

Mi corazón arde como el fuego
Sôyen Shakû, el primer maestro del Zen que fue a Estados Unidos, decía: -Mi corazón arde como el fuego pero mis ojos son fríos como cenizas apagadas.
Formuló las siguientes reglas, que practicó cada día de su vida.
Por la mañana, antes de vestirte, quema incienso y medita.
Retírate a horas regulares. Toma alimento a intervalos regulares. Come moderadamente y nunca hasta el punto de satisfacción.
Recibe a un huésped con la misma actitud que cuando estás solo. Cuando estás solo, mantén la misma actitud que cuando recibes huéspedes.
Vigila lo que dices, y cualquier cosa que digas, practícala.
Cuando se presenta una oportunidad no la dejes ir, pero piensa siempre dos veces antes de obrar.
No te lamentes por el pasado. Mira al futuro.
Ten la actitud intrépida de un héroe y el corazón amante de un niño.
Al retirarte, duerme como si hubieses entrado en tu último sueño. Al despertar, deja el lecho tras de ti al instante, como si desecharas un par de zapatos viejos.


Fragmentos del libro "Zen Flesh, Zen Bones" 
101 Historias Zen, compiladas por Nyogen Senzaki y Paul Reps.

miércoles, 1 de junio de 2011

Capacidad transformadora del análisis transaccional. Francisco Massó


Manuel Francisco Massó Cantarero
Psicólogo

El A.T integra la orientación coghnitiva y psicodinámica, potencia la toma de conciencia , esta enriquecida por la teoria de la comunicación y estimula el cambio de conducta.

"El Análisis Transaccional (A. T., en lo sucesivo) es una obra colectiva, desde su inicio, cuando el Seminario de Psiquiatría y Psicología Social de San Francisco, liderado por Berne, comenzó sus esfuerzos por acercar la Psicología a sus usuarios y abreviar los procesos de curación, otorgando al terapeuta un papel activo, inquietud esta que Berne compartía con Ferenzi, Sullivan, Perls y otros..."