miércoles, 18 de mayo de 2011

El triángulo dramático en la empresa. Parte III. El beneficio final.






Llega el lunes por la mañana. El triángulo va a convertirse en dramático porque ahora, en breve, los dos jugadores van a intercambiar sus posiciones.

–Hola, Gregorio, ¿a qué hora me envías el camión? –pregunta Juan Carlos.

–Verás… no he reunido más que un 10% de lo que necesitas –musita el pobre Gregorio–. Intenté localizarte el viernes para avisarte, pero fue imposible

Bien, ahora se produce el denominado “momento de estupor”. Juan Carlos va a pasar de víctima a perseguidor.

–¿Cómo dices? ¡Quedamos en que me servirías el pedido el lunes por la mañana! ¡Ni hablar! ¡Haz lo que sea, pero entrégame ese maldito género ya! De lo contrario… ¡detengo el pago de todas tus facturas! ¿Cómo te atreves a dejarme colgado? ¡Y sin avisar siquiera!

¿A qué posición apela ahora Juan Carlos desde su nuevo rol de perseguidor? Es obvio, coloca a Gregorio en el rol de víctima… ¡precisamente aquél desde donde él mismo invocó, desesperado, ayuda!

Gregorio dirá que nunca se comprometió, que dijo que haría lo que pudiese. Juan Carlos responderá que le tenía que haber avisado antes, Gregorio aducirá que ya lo hizo y Juan Carlos afirmará que debía haber dejado un recado más explícito… En fin, da igual, el juego ya se ha desatado. ¿Final del juego? Todos pierden. Mal trago para todos. Ésa es la característica de todos los juegos de Salvación.

Gregorio cuelga el teléfono y se siente fatal. “¡Encima que he intentado ayudarle, ahora me cae este rapapolvo!”, pensará.

¿A cuántos de nosotros no nos suceden situaciones similares ya sea en lo personal o lo profesional? ¿Cuántas veces no nos hemos sentido perseguidos por alguien a quien, más allá de nuestra obligación, quisimos ayudar cuando nos imploró ayuda y casi nos besa tras aceptar brindársela?


Triángulo dramático en la empresa. Parte I

Triángulo dramático en la empresa. Parte II

Triángulo dramático en la empresa. Parte III



El triángulo dramático en la empresa. Parte II. Superman



Juan Carlos es un cliente que ha tiene un problema relacionado con la adquisición de un gran volumen de tejido para satisfacer las demandas de su cliente. Se encuentra en una posición de incompetencia, ya que no ha logrado asegurar la cantidad necesaria de material. Gregorio, un proveedor con el que Juan Carlos ha trabajado en el pasado, es consciente de la dificultad de la situación.

En un intento por ayudar a Juan Carlos, Gregorio asume el papel de salvador al ofrecer su apoyo y hacer todo lo posible para resolver el problema. Juan Carlos, desde la posición de víctima, agradece efusivamente la ayuda y espera una solución por parte de Gregorio.

Desarrollo de la situación:

Gregorio se compromete a resolver el problema y pasa todo el jueves intentando conseguir la cantidad necesaria de tejido. Sin embargo, se encuentra con obstáculos y dificultades que no había anticipado. A medida que avanza el tiempo y se acerca el plazo, la presión sobre Gregorio aumenta, y su capacidad para cumplir con la promesa se ve comprometida.

En un intento desesperado por comunicar la situación a Juan Carlos, Gregorio realiza varias llamadas el viernes al mediodía. Sin embargo, se encuentra con la barrera de que Juan Carlos está ocupado en una reunión con su propio cliente y no responde. A pesar de sus esfuerzos adicionales a última hora de la tarde, Gregorio no logra contactar con Juan Carlos, ya que este último ha decidido irse de fin de semana antes de recibir la noticia.

La situación ha evolucionado hacia un punto crítico en el triángulo dramático, ya que Gregorio, inicialmente en el papel de salvador, se enfrenta a dificultades que amenazan con convertirlo en un perseguidor, generando así un conflicto entre cliente y proveedor. Juan Carlos, desde la posición de víctima, podría sentirse defraudado y desconfiado debido a la falta de comunicación oportuna de Gregorio. Este escenario plantea interrogantes sobre cómo se resolverá la situación y cómo afectará la relación entre cliente y proveedor en el futuro.
 
El problema lo tiene Juan Carlos, él es el incompetente. Si uno es una persona empática, siente angustia, se pone en la tesitura de la víctima y, sin darse cuenta… se sitúa en el papel de salvador. 


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El Mensajero


Los padres combatientes no pueden soportar a hablar entre sí y a veces no quieren correr el riesgo de enfadar al otro padre. Por lo que piden a los niños que le den los recados al otro padre: "Dile a papá que se ha retrasado dos semanas en el pago de la manutención y que cuando va a pagar" o " Dile  a mamá  que si vienes  en  Navidad de este año, no voy a a pagar la manutención ". 


Los niños no deben participar en peleas o desacuerdos de sus padres. Los niños necesitan el amor de ambos padres, ya que les hace sentirse mejor consigo mismos. 


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              1Veo, Veo 


              2. Arrastrando a la guerra


              3. El Mensajero