domingo, 18 de enero de 2026

El juego del poder y el silencio


En los últimos días han aparecido denuncias públicas realizadas por antiguas empleadas que trabajaron en el entorno de Julio Iglesias. Más allá de los procesos legales —que tienen su propio recorrido y sus propios criterios—, este caso ofrece una oportunidad clara para explicar, de forma divulgativa, cómo entiende el Análisis Transaccional (AT) las dinámicas de poder, silencio y abuso.

El objetivo de este texto no es juzgar ni dictaminar culpabilidades, sino mostrar cómo funcionan ciertos patrones relacionales cuando existe una gran desigualdad entre las personas implicadas. La propuesta es didáctica: aprender a reconocer conceptos básicos del AT en situaciones reales.

¿Por qué el AT habla de “juegos”?

En Análisis Transaccional, un juego psicológico no es algo lúdico ni voluntario. Es una secuencia de interacciones que se repite en el tiempo y que genera beneficios psicológicos previsibles para al menos una de las partes.

Que haya más de una persona implicada no significa que todas tengan el mismo poder ni la misma capacidad de elección. En contextos muy desiguales, el juego no se sostiene porque ambas personas quieran jugar, sino porque una puede imponer las reglas y la otra debe adaptarse para no perder algo importante.

En AT, “juego” no significa acuerdo ni diversión; significa patrón que se repite porque resulta rentable para alguien.

Poder y jerarquía: cuando la relación no es entre iguales

Cuando una figura concentra fama, dinero, prestigio y control sobre el espacio —como ocurre en ciertos entornos domésticos o laborales—, la relación con quienes trabajan para ella  está determinada a ser de dependencia y adaptación.

Desde el AT, la pregunta no es si la otra persona “aceptó” o “consintió” el abuso, en este caso, sino qué margen real tenía para decir que no sin sufrir consecuencias graves.

La jerarquía reduce el margen real de elección de quien está abajo.

El Niño Adaptado: adaptarse para sobrevivir

Uno de los conceptos más útiles del AT para entender estas situaciones es el del Niño Adaptado. No se trata de inmadurez ni de debilidad, sino de una respuesta aprendida cuando el entorno es amenazante.

Callar, minimizar, reír por compromiso o evitar el conflicto son estrategias de adaptación cuando la alternativa puede ser perder el trabajo o el sustento.

Adaptarse no es consentir; es intentar reducir el daño posible.

¿Quién obtiene el beneficio?

En los juegos de explotación o de poder, el reparto es claro. Quien tiene el poder recibe atención, disponibilidad y silencio, mientras que el desgaste emocional se concentra en la parte más débil.

Observa siempre dónde se acumulan los beneficios y dónde se paga el coste.

El entorno es parte del juego

Desde el AT, el entorno nunca es neutral. Justificar, minimizar, admirar al poderoso o guardar silencio convierte al entorno en parte activa del juego.

Cuando el entorno protege, el abuso se vuelve estructural.

“¿Por qué hablan ahora?”

Esta pregunta aparece siempre. Desde el AT, la respuesta es clara: hablar es posible cuando el coste baja para ella, no cuando aumenta el coraje. Porque su silencio, aunque te parezca paradójico, no era falta de valentía, sino exceso de fortaleza, pretendiendo evitar un coste mayor.

El juego no se rompe por conciencia moral, sino porque el contexto deja de garantizar impunidad. Cuando el abuso deja de ser rentable, algo empieza a cambiar.

Cuándo se rompe el Juego

 Los juegos se sostienen por rentabilidad, no por maldad. Un juego continúa mientras: alguien obtiene algo que necesita (poder, control, reconocimiento, comodidad) en el caso del explotador, y el coste de seguir jugando es menor que el coste de parar, en el caso del explotado.

El Análisis Transaccional ayuda a entender por qué el poder tiene un papel tan decisivo en la continuidad de estos juegos.

El problema no es que exista poder. El problema es el poder sin límite, sin feedback y sin coste.

Cuando una persona ocupa una posición de poder —económico, simbólico, jerárquico o afectivo—, el poder no solo le permite actuar, sino que modifica el sistema de consecuencias en el que se mueve. 

En primer lugar, el poder reduce el contacto con las consecuencias reales. El entorno amortigua el impacto de la conducta: nadie confronta, nadie pone límites claros, nadie devuelve información honesta. Desde el AT, esto significa que el estado del Yo Adulto pierde datos fundamentales para revisar la propia conducta. Si no hay consecuencias, no hay motivo interno para cambiar.

Además, el poder infantiliza el entorno. Las personas que dependen del poderoso suelen desplazarse a un Niño Adaptado: cuidan lo que dicen, evitan el conflicto y priorizan no molestar. El sistema se regula solo, sin necesidad de imposiciones explícitas.

A esto se suma la confirmación del guion de vida. La ausencia de límites refuerza creencias como “tengo derecho”, “estoy por encima” o “las normas no son para mí”. Cada vez que no ocurre nada, el guion se confirma. Y lo que se confirma, se repite.

Con el tiempo, la repetición sin consecuencias normaliza el abuso. Lo que desde fuera puede verse como claramente abusivo, dentro del sistema del explotador se vive como costumbre, como “así son las cosas”.

Para quienes están en la posición más débil, el silencio no es pasividad ni consentimiento, sino una estrategia de adaptación. Callar reduce riesgos cuando hablar puede implicar perder el trabajo, el sustento o la protección del entorno.

El juego empieza a romperse cuando cambia el contexto: cuando el silencio deja de ser seguro, cuando la palabra aparece, cuando el prestigio se erosiona o cuando el entorno deja de proteger.

Cuando el abuso deja de ser rentable, algo empieza a cambiar.

lunes, 12 de enero de 2026


Reflexiones sobre el "reseto mental" y el Análisis Transaccional: ¿Cómo integrar mente, emociones y acción?

En los últimos años, cada vez más personas buscan herramientas prácticas para entender su mente, gestionar sus emociones y mejorar sus relaciones. Uno de los libros que ha resonado profundamente en este ámbito es “Resetea tu mente”, del Dr. Mario Alonso Puig, donde se explora cómo el cerebro, la mente y las emociones interactúan para moldear nuestra realidad. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos reinterpretar estas ideas desde el Análisis Transaccional? Esta teoría psicológica, desarrollada por Eric Berne, nos ofrece un marco claro y accesible para entender nuestra personalidad a través de los tres estados del Yo: Padre, Adulto y Niño.

El Análisis Transaccional (AT) es una herramienta poderosa para el autoconocimiento y el crecimiento personal. Nos ayuda a identificar desde qué "estado del Yo" estamos actuando en cada momento: ¿desde el Padre (normas, valores, figuras de autoridad), el Adulto (razón, análisis objetivo) o el Niño (emociones, espontaneidad, impulsos)? La clave está en integrar estos estados para lograr una vida más equilibrada, consciente y auténtica.

En este sentido, el libro de Mario Alonso Puig aborda cómo nuestros "sistemas operativos" cerebrales (hipotálamo, sistema límbico, hemisferios izquierdo y derecho) influyen en nuestra percepción, decisiones y bienestar. Pero, ¿no es fascinante cómo estas ideas se alinean con los principios del AT? Por ejemplo, el hemisferio izquierdo (lógico, analítico) podría asociarse al Adulto, mientras que el hemisferio derecho (intuitivo, emocional) resonaría con el Niño libre. El desafío, entonces, es armonizar estos aspectos para evitar vivir en piloto automático y, en su lugar, responder de manera consciente y creativa a los desafíos de la vida.

Hace poco, me sumergí en una reflexión profunda sobre cómo aplicar estas ideas en la práctica. ¿Cómo podemos "resetea nuestra mente" desde el AT? ¿De qué manera los estados del Yo pueden ayudarnos a salir de patrones repetitivos y alcanzar una mayor autonomía? Estas preguntas me llevaron a escribir un artículo detallado, donde exploro la isomorfía entre el modelo de Puig y el Análisis Transaccional, y cómo ambos enfoques nos invitan a recuperar el equilibrio, la espontaneidad y la capacidad de intimidad.

Si te interesa profundizar en este tema, te invito a leer el artículo completo en mi nuevo blog, donde desarrollo estas ideas con ejemplos prácticos y herramientas concretas para aplicar en tu día a día:

Leer el artículo completo

Allí encontrarás una guía clara para entender cómo integrar tus estados del Yo, flexibilizar tu marco de referencia y, en definitiva, vivir de manera más plena y consciente. ¡No te lo pierdas!

¿Te ha resultado interesante esta reflexión? Si quieres compartir tu experiencia o tienes alguna duda, ¡déjame un comentario! Estaré encantada de leerte y seguir explorando juntos cómo aplicar estas ideas en el día a día.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Las 10 reglas de Steiner para la crianza de Niños

Las 10 Reglas de Steiner para Criar Niños Autónomos

Claude Steiner, en su obra "Guiones que la Gente Vive" (1974), propuso estas 10 reglas como un marco para criar niños que desarrollen autonomía verdadera. Desde el Análisis Transaccional, la autonomía no es simplemente independencia, sino la capacidad de pensar, sentir y actuar libremente mientras se respeta a los demás y al entorno.

En este artículo, exploramos cada regla con ejemplos prácticos y su impacto en el desarrollo infantil, para que puedas aplicarlas en tu día a día como padre, madre o educador.

REGLA 1: Compromiso de 18 años

1 No tengas un hijo al que no puedas extender una garantía de 18 años de Apoyo y Protección

Principio Central

Esta es la regla más fundamental. Steiner afirma que ser padre es un compromiso de largo plazo. Los padres deben estar en condiciones de proporcionar apoyo emocional, protección física, sustento económico y coherencia temporal durante todos los años de desarrollo del niño.

¿Qué significa en la práctica?

Es una invitación a la reflexión seria antes de tener hijos. ¿Estás realmente en condiciones de comprometerte durante 18 años? Si no es así, los niños pueden desarrollar inseguridad y una base frágil para construir su autonomía.

FUNDACIÓN PRIMARIA DE LA AUTONOMÍA

REGLA 2: Libertad para ejercer

2 Proporciona al niño libertad para ejercer plenamente las facultades de intimidad, conciencia y espontaneidad

Principio Central

Esta regla resume toda la filosofía de Steiner. Es el objetivo final de la crianza para la autonomía: permitir que el niño desarrolle su intimidad, conciencia y espontaneidad sin restricciones innecesarias.

INTIMIDAD

Permitir que el niño exprese sus emociones auténticas sin temor a castigo. Crear espacios donde pueda ser genuino y vulnerable.

CONCIENCIA

Permitir que el niño vea la realidad tal como es. Decirle la verdad sobre el mundo, adaptada a su edad, sin negarle información importante.

ESPONTANEIDAD

Permitir que el niño actúe basándose en sus propias decisiones. Dejar que exprese su creatividad y personalidad únicas.

En la práctica: Un niño que puede expresar sus sentimientos verdaderos, ver la realidad con claridad y actuar según sus propias decisiones está en camino hacia la verdadera autonomía.

Amenazas a la Autonomía

Cómo se destruye la autonomía (Reglas 3 y 4)

3 La intimidad es derrotada a través de la Economía de Caricias

¿Qué es la Economía de Caricias?

En Análisis Transaccional, las "caricias" son reconocimientos o strokes. La economía de caricias se refiere a cómo controlamos quién recibe reconocimiento y cuándo.

Ejemplos de cómo se destruye la intimidad:

  • Solo elogiar al niño cuando se porta "bien", castigando la vulnerabilidad.
  • Retirar amor o aprobación cuando el niño expresa emociones desaprobadas.
  • Usar caricias condicionales: "Te amo cuando eres obediente".
  • Ignorar al niño cuando no está actuando como queremos.
CONSECUENCIA: El niño aprende a esconder quién realmente es para obtener caricias.

4 La conciencia es derrotada a través de los Descuentos

¿Qué es un Descuento?

En Análisis Transaccional, "descontar" significa minimizar, ignorar o negar la realidad tal como la ve otra persona.

Ejemplos de cómo los padres descontan la conciencia:

  • "No tienes hambre" cuando el niño dice que tiene hambre.
  • "No estás asustado" cuando el niño expresa miedo.
  • "Estás siendo tonto" cuando el niño hace una observación válida.
  • Castigar al niño por notar algo real ("No digas eso, es grosero").
CONSECUENCIA: El niño aprende a dudar de sus propias percepciones.

REGLA 5: La verdad como base

5 Nunca mientas a tus hijos, nunca, ni por omisión ni por comisión

Principio Central

La verdad es la base de la confianza y la conciencia entre padres e hijos.

Por omisión

No decir algo importante que el niño necesita saber. Por ejemplo, no hablar sobre la muerte cuando alguien fallece.

Por comisión

Decirle al niño algo que sabes que no es verdad. Ejemplo: "El bebé viene de París".

¿Por qué es importante?

  • Las mentiras erosionan la confianza entre padre e hijo.
  • El niño eventualmente descubre la verdad y se siente traicionado.
  • Sin verdad, el niño no puede desarrollar una conciencia sólida.

La Visión Holística de Steiner

Estas 10 reglas no son restricciones rígidas, sino una filosofía cohesiva para criar niños autónomos. Steiner no ve la crianza como un acto de moldear o controlar al niño, sino como un acto de crear las condiciones para que el niño descubra y desarrolle su propia autonomía.

Es un acto de fe en la naturaleza humana y en el potencial inherente de cada niño.

¿Te gustaría profundizar en cómo aplicar estas reglas en tu día a día?

Visita mi blog para más artículos sobre Análisis Transaccional