Ayer, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, millones de personas salieron a las calles para reclamar igualdad, justicia y el fin de las violencias machistas. Y en ese mismo día, en Lo de Évole, una mujer de 90 años se sentó frente a Jordi Évole y volvió a recordarnos por qué su voz sigue siendo tan necesaria.
Lola Herrera habló ayer de Función de noche, esa película de 1981 donde ella y su exmarido, Daniel Dicenta, se sentaron frente a una cámara a decirse todo lo que durante años no pudieron decirse. Y dijo algo que debería habernos atravesado a todos:
"Eché fuera de mí todo el dolor que tenía de tanto tiempo y yo no sabía que tenía tanto dolor. Pero lo cierto es que tenía el dolor de la incomunicación, sobre todo, de no poder comunicar, de no poder decir el horror de haber fingido y poder clarificar algo sin que le hiriese ni le hiciera mal como hombre, ¿no?"
Ayer, 8 de marzo, Lola Herrera volvió a nombrar lo innombrable. Y yo no pude dejar de pensar: ¿cuánto de ese dolor sigue siendo hoy el dolor de tantas mujeres? ¿Cuánto hemos avanzado realmente en la escucha? ¿Por qué ese grito, lanzado hace más de cuarenta años, sigue sonando tan actual, tan necesario, tan incómodo?
De esas preguntas nació el ensayo que comparto hoy, y que cobra más sentido que nunca después de escucharla ayer. En él he tratado de reunir:
- • Las investigaciones de expertos como Sylvie Pérez, Olga Albaladejo, James Pennebaker y otros sobre el impacto del silencio.
- • El análisis de cómo ese silencio ha operado históricamente sobre las mujeres.
- • El caso de Lola Herrera como paradigma de la catarsis y el alivio.
- • Las consecuencias de mantener ese silencio para todo el entorno.
Es un texto largo, porque el tema lo merece. He procurado que cada página aporte una pieza necesaria para entender por qué el silencio de las mujeres es un problema de todos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario