La cifra, el miedo y la pérdida de la inocencia
Ayer fui a comprar. La conversación, trivial al principio, derivó hacia un tema que me sorprendió: la violencia machista. La vendedora me confesó, con auténtica angustia, que sentía que nunca había oído tantas muertes como ahora. Me chocó profundamente que ella estuviera a estas alturas sorprendida. Le comenté que eso no era un problema actual, que precisamente yo lo sabía con propiedad, porque en el 2007, en el foro Alicantecity, yo misma recopilaba y publicaba las cifras anuales para que nuestros más de 7.000 miembros fueran conscientes de la brutalidad de aquellas estadísticas.
Ella me miraba alucinada, no sabiendo muy bien si creerme. Compasivamente y con ternura le dije: lo verdaderamente sorprendente es que hayan pasado los años y la gente se siga sorprendiendo. Comprendí que existe una desconexión total entre lo que percibimos y lo que realmente ocurre.
La vendedora estaba creyendo que la violencia iba a más. Pero, al poner los datos sobre la mesa, la realidad nos golpea con una verdad que contradice su percepción. Aquí están los hechos, año a año, desde que comenzaron los registros oficiales:
La tendencia general ha ido hacia el descenso desde aquellos años en los que yo publicaba las listas. Sin embargo, lo terrible es que, desde 2003, 1.369 mujeres han sido asesinadas. Un dato que merece nuestra atención es la edad de las víctimas: a lo largo de toda la serie histórica, el rango que registra el mayor número de asesinatos es el de 41 a 50 años. No es casualidad. A menudo, esta edad es el punto crítico donde la acumulación de años de convivencia con el agresor y la dificultad para romper lazos tras una vida juntos crean una trampa letal.
O quizás la sorpresa de la vendedora es debido a que ha llegado a esa edad en la que se te cae la venda. Ese momento en el que una mujer comprende que la estadística no habla de extrañas, sino de nosotras mismas.
Que te pueden matar, simplemente, por ser mujer. Es en ese instante cuando pierdes la inocencia que te hacía pensar que esas cosas eran lejanas. Cuando esa realidad se vuelve consciente, la cifra deja de ser un número para convertirse en una amenaza que camina a nuestro lado.
El problema no es si ahora hay más o menos que antes; el problema es que, después de 1.369 vidas truncadas, seguimos necesitando que alguien nos recuerde la cifra para volver a sorprendernos.
Y mientras la cifra no sea cero, cualquier comparación es solo una excusa para seguir mirando hacia otro lado.
Datos oficiales · 2003-2026
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