domingo, 7 de junio de 2020

La química en las parejas tóxicas

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Si eres una persona que se queja de que nunca encuentra a alguien que le trate bien, pregúntate:

"¿Alguna vez en tu historia amorosa hubo alguien que realmente te trató bien, fue una persona confiable, estable y que realmente se preocupó por ti?"

Seguramente, la respuesta suele ser algo así como: "Bueno, sí ... había una persona que era realmente genial, realmente me gustaba y me trataba muy bien". Entonces hazte la siguiente pregunta: ¿qué pasó? Posiblemente la respuesta es:"Realmente no lo sé, simplemente se rompió la relación", "Supongo que simplemente no coincidíamos", o "Parece que no hicimos clic", o "Simplemente dejamos de llamarnos". - En otras palabras, ¡NO HABÍA QUÍMICA en esa relación!

Y es que faltó el "gancho", el gancho de las relaciones tóxicas y adictivas.

En otras palabras, ¡NO HABÍA QUÍMICA en esa relación!

La química dentro del ciclo obsesivo/compulsivo que se detalla a continuación no es algo de lo que seamos siquiera conscientes, a no ser que nos veamos reflejados cuando nos lo exponen tan claramente. Aquí hay una breve descripción del ciclo de la relación tóxica:

  • Las cosas están bien y estamos bien.
  • Uno o ambos se aburren un poco con este "estar bien" porque no sienten química en ese estado "bien". Entonces, uno de nosotros dice o hace lo correcto, en el momento equivocado, causando una pelea y activando el drama.
  • Durante la lucha, nuestras inseguridades infantiles, miedo al abandono, la vergüenza y el desprecio (soltar la ira) se activan. Experimentamos una química negativa cada vez mayor que fluye a través de nuestro sistema simpático (adrenalina, cortisol y otras hormonas del estrés), solo piense en ellas como "pequeños guerreros" que fluyen a través de nuestro torrente sanguíneo. A medida que avanza el drama, nos sentimos cada vez peor debido a nuestras inseguridades infantiles.
  • Hacia el final del conflicto, comenzamos a buscar formas de compensarnos para poder restaurar el sentimiento previo de "estar bien" nuevamente como pareja; por lo general, esto es solo un retiro de las tropas, un alto el fuego y/o una tregua sin que nada se resuelva realmente.
  • Habiendo "hecho las paces" entre nosotros, estamos "bien" nuevamente como pareja. En este punto, experimentamos una sensación interna de "estar bien nuevamente" internamente también nos sentimos bien con nosotros mismos, hay armonía en los diálogos internos de nuestros Estados del Yo. Es entonces cuando experimentamos el torrente de la química positiva que viene a traernos la comodidad y el alivio: "pequeños angelitos mofletudos" y felices comienzan a fluir a través de nuestro sistema (o al menos "pequeñas banderas blancas neutras") porque la dopamina y otros químicos naturales similares a la morfina se liberan cuando termina una crisis.
  • Sin embargo, esta comodidad y alivio es solo una condición temporal que pronto se desvanece, y ¡sin dejar ningún resto de QUÍMICA!
  • Entonces, para tener más química en nuestra relación tóxica, cada uno de nosotros debe instigar otra ronda de este ciclo.

No es que nos guste el lado negativo del ciclo, es que estamos condicionados a buscar la química positiva de la comodidad y el alivio que viene con el arreglo posterior, así que para conseguirlo DEBEMOS pasar por la parte negativa del ciclo si queremos alcanzar la parte positiva.

Finalmente, para mantener este importante ciclo, el mecanismo de defensa de la negación debe estar presente para evitar tomar conciencia de ello y que nos veamos obligados a abandonarlo.

Entonces, a no ser que seamos rigurosamente honestos con nosotros mismos, realmente creemos en nuestras racionalizaciones, proyecciones y hacer responsable del conflicto a la otra persona cuando en realidad somos los dos bailando el único baile que conocemos (mecanismos de defensa). ¡Afortunadamente la plasticidad neuronal nos permite aprender un nuevo baile!

En resumen, es la química de la "Comodidad y el alivio" de este ciclo del drama lo que nos proporciona el combustible para la adicción. No podemos obtener la comodidad y el alivio a menos que primero volvamos a actuar esos temas emocionales infantiles (familiares) de abandono, vergüenza y/o desprecio (liberación de la ira).

Además, sin el ciclo completo no sentiremos NINGUNA química; lo que significa que no podemos sentir nada en nuestra relación tóxica sin "la pelea y la reconciliación" u otro juego psicológico. (Es por eso que no nos atraen las personas "normales" y estables que no participan en el drama). ¡Nos falta esa....QUÍMICA!

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domingo, 31 de mayo de 2020

Los jardines




Los míos, los tuyos y lo que sucede en cada uno

Cuando estoy en tus asuntos dejo de atender mi jardín y estoy ocupándome del tuyo: me separo de mí, te invado y me desconecto del resto del mundo. Al hacerlo, me sitúo en roles del triángulo dramático y genero juegos psicológicos que producirán emociones difíciles y estrés. Mientras todo esto ocurre, yo actúo desde la confusión mental, descontando mi poder personal, el tuyo y la realidad.

La mayor parte de nuestro sufrimiento o malestar sucede cuando no estamos situados en nuestro lugar y estamos invadiendo el lugar del otro. 

Ocuparnos de lo que legítimamente nos pertenece implica hacernos responsables de nuestro jardín, respetando y aceptando la libertad de los demás a trabajar sus jardines como ellos decidan.

Sólo tienes que reflexionar un momento sobre tus últimos sufrimientos, por ejemplo, esa persona que te decepcionó, el familiar que no respondió a tu petición o el amigo que no te quiso acompañar el día que le propusiste ir al cine. En todos los casos el sufrimiento proviene de juzgar el comportamiento del otro, de inmiscuirte en cuestiones que sólo están en su jardín, no en el tuyo.

Nuestro estado del yo Padre puede tener creencias del tipo, si Juan fuera mi amigo debería haber aceptado mi propuesta, o si mi padre me quisiera debería haberme dejado su coche, etc. Todo ello te lleva a la frustración, impotencia, tristeza, etc. No te ayuda en tu desarrollo personal. Solo añade inútilmente sufrimiento al dolor.

Este es un estado del Padre con creencias erróneas y fuera de la legitimidad. Suelen ser normas que aplicamos para otros y no para nosotros mismos. Incluso si las aplicamos para nosotros mismos, por ejemplo, me obligo a ir al cine cada vez que un amigo me lo pide (rol salvador), posteriormente cobraremos el esfuerzo de alguna manera (juegos psicológicos).

Sólo tú eres responsable de tu comportamiento, de tus decisiones, de tus pensamientos y tus emociones.

Imagínate ahora que, ante el rechazo de tu amigo a ir contigo al cine, tú al sentir la sensación de soledad o de aburrimiento te dijeras: “Me hubiera gustado ir al cine con mi amigo, ahora bien, él tiene sus propias necesidades que cubrir, que yo respeto. Y en este momento, ¿Qué podría hacer yo para poder tener más alternativas para salir con gente? O ¿Qué miedo o qué emociones me impiden ir al cine solo? O ¿de qué otro modo podría disfrutar la tarde del domingo?, etc. 

Ser inteligente emocional supone transformar cada pequeña frustración, su energía, en un reto para nuestro crecimiento personal y emocional, que finalmente redunda en un fortalecimiento de nuestra autoestima y autovalía. 

El trabajar para que nuestras creencias y hábitos mentales no interfieran de manera perniciosa, condicionando la interpretación de la realidad desde nuestro Adulto, es un hábito que se ha de mantener de manera regular.

Reconocer y trabajar nuestro jardín implica construir un estado del Padre interno que nos trate con más respeto, que ponga límites adecuados,  y que se haga cargo de nuestras propias necesidades y deseos. Así como,  conseguir la des-confusión del estado del yo Niño que nos permitirá ocuparnos de nuestro jardín con espontaneidad, intimidad, y disfrute, recuperando el contacto con lo que sentimos, necesitamos y deseamos.



miércoles, 27 de mayo de 2020

El Nuevo Estado del yo Padre o el Nuevo hombre




Una sucesión de crisis financieras, humanitarias y sanitarias,  han desdibujado la sociedad tal y como venía gestándose en el S.XX. 

Si en la crisis financiera del 2008 benefició a los más ricos y hundió a la clase media, la crisis del Covid 19 enviará, definitivamente, a una legión de gente a la marginalidad. Puede ser ésta una de las posibilidades que todos tememos en esta época incierta.  Tememos tener que sufrir o cargar con una enorme marginalidad que el sistema no podrá atender, o que se atenderá de manera muy deficiente. La falta de especialización tecnológica, la imposibilidad de acceder al mercado de trabajo crearán ingentes legiones de parados crónicos, por tanto, pobres crónicos.

Tendremos entonces una masa de población que no puede integrarse en un sistema capitalista, puesto que éste basa su funcionamiento en la propiedad privada de los medios de producción, en la importancia del capital como generador de riqueza y en la asignación de los recursos a través del mecanismo del mercado. Esta nueva humanidad queda, por tanto, fuera del sistema, un sistema que cada vez protege a menos gente y que puede contener al resto.

Los gobiernos, por tanto, no tendrán recursos para proteger a esta nueva clase social excluida.

El Estado del yo Padre del Estado ya no tiene mensajes para él, ésta nueva clase excluida tiene que recrearse, redibujarse, generar un nuevo Estado del yo Padre. Este huérfano de figuras parentales ha de resurgir desde su creatividad, desde la creatividad que el Estado del Yo Niño desarrolla ante la necesidad, la ausencia de modelos o libertad, desde su instinto de supervivencia.

Lejos del papel que se le ha otorgado de “protector” y “nutritivo” al Padre Estado, ahora la nueva humanidad excluida sólo contará con la solidaridad, la ayuda mutua, la cooperación, la reciprocidad, la compasión y empatía que inspirarán a todos estos nuevos movimientos hasta generar un sistema parental nutritivo y protector. Estos movimientos probablemente vendrán dirigidos por las necesidades emocionales del Estado Niño vulnerable, desvalido y vital. De ahí que algunos de ellos puedan resultar inviables hasta que alcancen una madurez necesaria para que el Estado Adulto otorgue la viabilidad necesaria a cualquier proyecto.

La nueva humanidad excluida, son hombres y mujeres formados, con acceso más o menos fácil a la información, a las redes sociales y muy bien comunicados. Deberán desarrollar un pensamiento crítico ante la desinformación que se intenta crear desde los grupos que pretenden el poder.

Esta masa, si finalmente queda excluida del sistema, desarrollará su propio paradigma, lejos del sometimiento a las soluciones propuestas por el viejo sistema. El viejo sistema resistirá hasta fagocitarse a sí mismo.

Ahí está el reto del siglo XXI. Crear un sistema más equitativo, que pueda sostener a toda la humanidad o asistir a una nueva clase social, mantenida por las migajas desde el sistema o, porqué no,  una capaz de generar un nuevo sistema paralelo al tradicional que funcione de otro modo. Al fin y al cabo los sistemas económicos y sociales solo funcionan cuando todos estamos incluidos.

Tener la suerte de que tanta gente vaya a estar excluida es poder aceptar la invitación a crear inevitablemente un sistema nuevo.

Las crisis implican cambios. El ser humano es básicamente creativo.