martes, 6 de febrero de 2018

Autonomía y Estructura de Guión

A partir de los descubrimientos de la neurociencia moderna, ahora sabemos que el cerebro conserva su plasticidad a lo largo de la vida, y se generan nuevas vías neuronales y, en mi opinión, nuevas estructuras del estado del yo pueden crearse a través de nuevas experiencias.  Trabajar para conseguir la autonomía no es fácil, supone un gran proceso de interiorización y de redecisión, pero sin duda un gran objetivo.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Tratando con un padre crítico y desaprobador



La Navidad es un tiempo de vuelta a casa, de reunirnos en torno a la mesa con toda la familia y, la mayoría de las veces, darnos cuenta que hay viejas heridas que siguen abiertas.

Es posible que emociones de felicidad y de todo lo contrario se entremezclen al encontrarnos de nuevo con nuestros padres,  por lo menos aquellos afortunados que todavía cuentan con ellos. En alguna ocasión, nadie  puede darnos tanto amor o causarnos tanto dolor como uno de nuestros progenitores. El poder que le otorgamos sigue siendo inconmensurable y mágico.

¿Tienes un padre/madre que te critica constantemente? ¿Has hecho todo lo posible para ganar su aceptación, solo para  terminar sintiendo que todavía no eres lo suficientemente bueno para él/ella?

Si respondiste afirmativamente a estas preguntas, no está solo.

Luis  comenzó nuestra sesión de los martes,  una vez más, molesto por un comentario crítico que su madre le había hecho la noche anterior en la cena familiar. Desde luego que Luis  estaba  ya acostumbrado a las críticas, las había estado escuchando durante veinticinco años. Sin embargo, de alguna manera,  el dolor no había disminuido y continuaba dejando a Luis con un sentimiento de "no soy lo suficientemente bueno" en el fondo. Y nuevamente, Luis quería que nuestra sesión se enfocara en el cambio de su madre. Para él, las cosas estarían bien una vez que su madre se volviera más tolerante y le aceptara.

Muchos adultos como Luis, todavía creen que su felicidad está ligada a la aprobación de sus padres. Entonces esperan y esperan algo que quizás nunca llegue.

Si puedes ponerte en el  lugar de Luis, tal vez es hora de que dejes de intentar que uno de tus padres cambie y te aceptes tu mismo con o sin su aprobación. A continuación algunos consejos que pueden ayudarte a lidiar con un padre crítico.

Acepta que estás a cargo de tu felicidad. Acepta que no tienes control sobre tus padres y acepta que ellos nunca cambien. En lugar de concentrarte en las cosas que no puedes controlar, concéntrate en las cosas que puedes.

Comprende que su crítica es sobre ellos y no sobre ti. Las personas que se sienten bien consigo mismas no pasan mucho tiempo criticando a los demás. Las personas felices que se gustan a sí mismas suelen apoyar a otras personas con palabras de elogio y aliento.  El problema está arraigado en el propio desprecio que sienten sobre sí mismos lo que les lleva a despreciar o lanzar descalificaciones al otro. Antes de que puedan mostrarte compasión, deberían aprender cómo aceptarse  y amarse a sí mismos y eso no depende de ti.

Debes saber  que tus padres te ven como una extensión de sí mismos. Te tratan de la misma manera que se tratan a ellos sin parar a pensar en ti como una persona separada,  con sentimientos separados.

Mira la situación a través de los ojos de un adulto. Cuando eras un niño, pensabas que tu padre lo sabía todo. Creíste que su opinión era la opinión "correcta". Ahora eres mayor y es útil recordar que la opinión de tus padres es solo eso, su opinión. Solo porque lo digan, no lo hace automáticamente verdadero.

Recuerda que tu padre te ama. Incluso el padre más crítico ama a su hijo. Como dijimos anteriormente, su crítica tiene mucho más que ver con ellos que contigo.

Se asertivo. Cuando tu padre te critique, no te pongas a la defensiva y des excusas o te justifiques por lo que estas o lo que no estás haciendo. Simplemente di: "No opino así". Sí, es probable que su padre responda a esto de manera crítica, pero tú lo está diciendo para ti, no para ellos.  Ponerles un límite sano te evitará responder de una manera explosiva o deprimida. También reduce el riesgo de ruptura emocional (eliminando a uno de tus padres de tu vida) y disminuye las posibilidades de que proyectes tu ira sobre otra persona (como un hijo o un cónyuge).

Toma un punto de vista de altura. Aunque a tus padres les puede resultar difícil tener empatía, puedes comunicarte con tu propia compasión: compasión hacia ti y compasión hacia quien te lastima. Cuando te critiquen, piensa: "Estoy tan contento de no utilizar ese tipo de críticas con los demás. Debe ser horrible". Ten empatía por el padre/madre que te desilusiona.

Usa una mente de teflón. Al igual que una sartén de teflón (una sartén antiadherente) permite que las cosas se deslicen, también puedes practicar dejando que la crítica apague de inmediato. No tienes que dejar que se quede. La crítica es realmente un reflejo de quien la está entregando. No dejes que se te pegue.

Equilibra la energía positiva y negativa. Asegúrate de pasar tanto tiempo o más con personas que te entusiasmen y te inspiren. El equilibrio te traerá paz y alegría.

Tomar las críticas personalmente, buscar constantemente la aprobación y esperar que tus padres cambien, a menudo te quitaran tu alegría. En su lugar, trabaja en la aceptación, acéptate a ti mismo y acepta al padre/madre crítico. No necesitas aceptar las cosas negativas que dicen para aceptar que te quieren de todos modos.

martes, 21 de noviembre de 2017

Análisis Transaccional, neurociencias y estres



Sentirme atacado significa que interpreto los hechos, palabras o intenciones como un asalto violento y agresivo hacia mi. Las personas que se sienten a menudo atacadas percibirán el ataque incluso aunque no se esté produciendo.

Desde el AT , la persona que se siente atacada activará su Niño Sumiso o Rebelde. Su cuerpo se preparará ante el ataque, bien para huir o paralizarse o bien para atacar. Ante la amenaza nuestro cuerpo segregará hormonas, como cortisol, y neurotransmisores, como epinefrina (adrenalina) y norepinefrina.  El sistema autónomo activará la orden de  supervivencia. El sistema simpático activará la liberación de noradrenalina que incrementará el ritmo de las contracciones cardiacas, también se desencadenará la liberación de glucosa de las reservas de energía, y junto con la epinefrina  incrementará el flujo sanguíneo hacia el músculo esquelético. El suministro de oxígeno del cerebro se incrementará. La respiración se acelera. Los vasos sanguíneos periféricos se contraen para llevar más sangre donde más se necesita.

Si se intensifica nuestro nivel de estrés nuestro cuerpo reduce o incluso puede llegar a desconectar otros sistemas fisiológicos, como inmunitario, el digestivo y el reproductivo que no son totalmente necesarios para luchar o huir.

El cerebro activa el mismo tipo de respuesta fisiológica ante el peligro físico y psicológico, porque no establece diferencia.

Nuestra interpretación de la realidad va a ser definitiva en la activación de nuestra respuesta al estrés. Nuestros pensamientos son los que  crean nuestra interpretación.

Pocas veces en nuestra vida diaria nos encontramos con un peligro real que amenace a nuestra supervivencia. Sin embargo nuestro cuerpo reacciona como si verdaderamente nuestra vida corriera peligro ante situaciones banales o que se podrían experimentar de otras maneras mucho más beneficiosas. La mayoría de las veces nuestro estrés se produce por la interpretación que automáticamente hacemos de los hechos, palabras o intenciones de los otros. Una interpretación que nuestras redes neuronales (sistemas de memorias implícitas ) han ido asociando a emociones y experiencias, posiblemente infantiles, en las que el niño se sentía sin recursos.

Si mis pensamientos me llevan a sentirme víctima o atacado, bajo una creencia de que las cosas no deberían ser así, mi respuesta al estrés será automática. Nada podré hacer por detenerla. . Berne definió el Estado del Niño como “un conjunto de sentimientos, actitudes y comportamientos que son reliquias de los sentimientos, actitudes y comportamientos  de la infancia de un individuo.”(Berne, 1961:69).

La mayoría de estas respuestas automáticas emocionales Berne las denominó emociones parásitas o rackets y Dispenza las define como pensamientos y emociones de origen genético, ambiental o experimentado en la infancia y que ha creado un circuito neuronal automático e inconsciente.
El sentimiento parásito estará conectado a una serie de creencias sobre uno mismo, los demás y el mundo, y una gama de experiencias internas  (o síntomas) y comportamientos observables.
Cambiar o inutilizar estos sistemas neuronales tan consistentes en nuestro cerebro no es fácil, pero como la neurociencia está demostrando es posible.

Se trataría de crear nuevos sistemas neuronales más útiles, beneficiosos  y coherentes con la realidad actual, de manera que estos nuevos circuitos puedan activarse desactivando o desplazando a los antiguos. Al crear nuevas redes neuronales y fortalecerlas con nuestro pensamiento, dándoles prioridad, de forma regular, las redes que dejamos de utilizar tienden a desaparecer.

Aquello en lo que pensamos y en lo que concentramos nuestra atención con más frecuencia es lo que nos define.  A escala neuronal el lado derecho del cerebro es el responsable de procesar la novedad cognitiva, las nuevas ideas que, cuando ya están memorizadas, cuando se convierten en familiares, pasan al lado izquierdo del cerebro. Es lo que conocemos como rutina cognitiva o lógica.

El encargado de hacer esta tarea es el Estado Adulto.  Un Adulto observador, neutro, que reconoce opciones, con capacidad de elección, informado, que toma decisiones y construye nuevas estructuras de pensamiento. Estas nuevas estructuras de pensamientos o rutina cognitiva va a general una nueva respuesta fisiológica, nuestro cerebro producirá una respuesta química nueva.

Cada pensamiento produce un químico que está emparejado con un sentimiento en tu cuerpo. Esencialmente, cuando elaboras pensamientos de felicidad, de inspiración, o pensamientos positivos, tu cerebro elabora químicos que te hacen sentir inspirado, regocijado, y elevado. Por ejemplo, cuando te anticipas a una experiencia que es placentera, el cerebro inmediatamente segrega un neurotransmisor químico llamado dopamina, que enciende al cerebro y cuerpo en anticipación de esa experiencia y que causa que tú comiences a sentirte excitado.

Si tienes odio, enojo y sentimientos de baja estima, el cerebro también produce químicos llamados neuropéptidos, con los que el cuerpo responde en forma similar o comparable. Sientes odio, enojo e inmerecimiento. Ves que tus pensamientos se materializan.

Se ha realizado un estudio muy interesante en Japón, con enfermos dependientes de la insulina tipo II, que mostraba cómo los enfermos sometidos a programas de comedia  (risas) normalizaban su nivel de azúcar en sangre sin necesidad de insulina. Veinticuatro genes activados sólo por el hecho de reírse. Los genes son igual de plásticos que nuestro tejido neuronal.

Las emociones y los sentimientos son el producto final, el resultado de nuestras experiencias. Si no hay experiencias nuevas o vividas de otra manera, vivimos siempre actualizando sentimientos pasados. Se trata del mismo proceso químico una y otra vez.  Porque el pensamiento crea el sentimiento, y después el sentimiento crea pensamiento, en un continuo ciclo.

 ¿qué sentimiento tengo cada día que me sirve de excusa para no cambiar?

Ya lo sabes? Bien, pero eso sólo es la casilla de salida. Conocerlo no es cambiarlo. El conocimiento es sólo lo que precede a la experiencia. Aprender una información es integrarla y aplicarla. Debemos modificar nuestro comportamiento para poder tener una nueva experiencia que a su vez creará nuevas emociones. El conocimiento es para la mente; la experiencia, para el cuerpo. Tenemos que enseñar al cuerpo lo que la mente ha entendido intelectualmente. Si seguimos repitiendo esa experiencia, se archiva en un sistema nuevo en el cerebro, y eso permite pasar del pensar al hacer, al ser.

Mientras desde el Estado Adulto aprendemos nueva información y la pensamos, la contrastamos  con nuestras creencias y la analizamos, va cambiando nuestro cableado, construyendo una nueva mente. Una vez esa nueva mente está establecida, tenemos que empezar a pensar cómo mostrarla, y ahí entra el cuerpo. Cualquier proceso de cambio requiere el desaprender y el reaprender.  Recuerda, para  cambiar hábitos de comportamiento, tiene que haber acción.

Sabemos que no es fácil, la constancia es primordial, la adicción a los viejos patrones de pensamiento y su respuesta química no nos lo va a poner fácil. Sin embargo, la recompensa al esfuerzo será inmensurable.