martes, 4 de febrero de 2020

Falsa ira



Los padres generalmente vamos a dar caricias condicionales e incondicionales, la cantidad de unas u otras puede depender de cómo fueron las que recibimos nosotros a su vez de nuestros padres. Posiblemente no sabemos dar aquello que no pudimos recibir. Si los padres no mostraron su amor por sus hijos con caricias incondicionales, probablemente sus hijos no podrán hacerlo con sus descendientes tampoco.

La mayoría de las condiciones que los padres nos ponen para “ser amados” tienen que ver con “portarse bien” o “lograr algo”.  Por tanto, el niño puede deducir que sólo merece ser querido cuando se comporte como el otro espera o cuando su rendimiento sea el esperado por los demás. Y además, cuando el niño se convierte en adulto, será, finalmente, su juez interno (reflejo del que tuvo en su infancia) el que va a determinar si él está cumpliendo estas condiciones y, por tanto, si merece o no ser querido.

La primera condición “portarse bien” tiene que ver con el refuerzo de los padres o figuras parentales. El qué y el cómo de los comportamientos de “portarse bien” será premiado o castigado por el modelo familiar. Por ejemplo, puede reforzarse con risas y comentarios llenos de orgullo, el “gran temperamento” del hijo o hija que no admite ninguna orden, el primer día que el niño muestra su “miedo” cuando le han dejado al cuidado de una persona que no conoce y de la que el rechaza cualquier indicación.

“Mira lo que dice/hace tu hija/o!!!! jajajajajajaja!!!” Ríen los padres al unísono mostrando su gran satisfacción por la bravía infantil.

De esta manera, este niño o niña escribirá en su red neuronal un mandato parental en el que un comportamiento de ese tipo es el que deberá mostrar en el futuro ante cualquier estímulo que le produzca miedo, obteniendo, independientemente de sus consecuencias en el momento actual, el placer profundo de sentirse admirado y amado por sus progenitores, haciendo lo que se espera de él/ella.

Aquel comportamiento primigenio que realmente escondía miedo detrás de su comportamiento fue interpretado bajo la necesidad narcisista parental como “mi hijo tiene carácter”, cerrando inmediatamente la puerta que facilitaría al niño ponerse en contacto con sus emociones reales y modelando  en él una falsa ira.


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